El Verdadero Libro de Los Pobres Rurales

Desarrollo agropecuario: de la dependencia al protagonismo del agricultor.


10. ALGUNOS OBSTÁCULOS QUE DIFICULTAN LA APLICACIÓN DEL MODELO PROPUESTO


Cuando las propuestas en pro de un desarrollo agropecuario más endógeno y menos dependiente de factores externos empezaron a surgir en América Latina, sus planteamientos tenían poca credibilidad ya que sonaban a utopía y lirismo. Han contribuido a ese escepticismo la radicalización y la polarización de ciertas propuestas, algunas ingenuas(34*) y otras cargadas de fuerte contenido emocional e ideológico. Los intereses contrarios, actuando de mala fe, se aprovecharon de tales polarizaciones y de la aparente falta de fundamentación científica de dichas propuestas, para descalificarlas y desacreditarlas.

Sin embargo, a raíz de las contradicciones y del agotamiento del modelo clásico de desarrollo agropecuario, afortunadamente han surgido en los países de la Región propuestas más consensuales y neutrales que buscan disminuir las ideologizaciones, polarizaciones y emocionalismos antes mencionados. Estas nuevas propuestas, al rescatar algunas prácticas autóctonas y potenciarlas con aportes de los avances científicos más recientes, tratan de conciliar, en gran medida, las necesidades más inmediatas de los agricultores con las reales posibilidades de los gobiernos de satisfacerlas. El maniqueísmo entre la agricultura orgánica y la de la revolución verde está perdiendo terreno y credibilidad muy rápidamente. Las tendencias más modernas y fidedignas abogan por una complementación entre ambas, extrayendo de cada una de ellas los aspectos positivos que innegablemente ambas poseen. Este documento sugiere que se empiece con las tecnologías de la agricultura orgánica, no sólo para contribuir a la sostenibilidad y a la equidad, sino también para que los llamados insumos modernos de la revolución verde, cuando disponibles, se vuelvan mucho más eficaces y eficientes.

Son tantas y tan obvias las ventajas de esta mezcla de las tecnologías de la agricultura orgánica con las de la revolución verde, que la adopción de un modelo menos polarizado de tecnificación de la agricultura debería haberse generalizado rápidamente para contribuir al cambio en las actitudes de los profesionales y técnicos y, por ende, de los agricultores. Sin embargo, la puesta en marcha de un modelo más consensual ha sido dificultada, entre otras razones por la mencionadas a continuación:

1er Obstáculo

La formación de los profesionales de ciencias agrarias. La enseñanza universitaria está fuertemente inspirada en la realidad del mundo desarrollado, en el cual abunda el capital y escasea la mano de obra. En los países de América Latina y el Caribe ocurre exactamente lo contrario; consecuentemente, los contenidos que se enseñan en las facultades, generalmente no son adecuados a nuestras circunstancias y, muy especialmente, a las de la gran mayoría de los pequeños agricultores.

"Una escuela o una universidad de un país en desarrollo es considerada tanto más adelantada o progresista cuando más cercanamente simule en sus programas de enseñanza e investigación lo que se hace en instituciones similares de otros países desarrollados, sin importar que éstos no respondan en absoluto a las necesidades del propio país. De esta forma, el profesional se prepara sólo para atender las necesidades de un pequeño sector formado por las unidades grandes de producción, las que también siguen el compás de los adelantos tecnológicos de los países desarrollados. La consecuencia final es que el pequeño productor que, como vimos antes, representa un sector mayoritario, se encuentra cada vez más relegado y aferrado a sus tradicionales sistemas de producción que sin ser muy eficientes, le ofrecen seguridad. Una acción efectiva para mejorar la producción a nivel de pequeñas fincas demanda entonces cambio de enfoque en la formación de los profesionales que deben actuar como instrumentos de desarrollo. Los programas de enseñanza deben adecuarse a las necesidades de la sociedad a la que van a servir los futuros profesionales. Esto no significa que tenga que sacrificarse la calidad académica y la base científica por tratarse de países en desarrollo. Por el contrario, se requiere formar profesionales con un alto grado de preparación académica, pero conscientes de las necesidades de su propia sociedad" [9].

Durante su formación, los estudiantes generalmente no tienen la suficiente vivencia de la problemática del campo, ni posibilidades concretas de ejecutar prácticas agropecuarias directamente en las fincas y comunidades rurales. Este desconocimiento se acentúa debido al origen crecientemente urbano de los estudiantes y docentes de las facultades y a las restricciones presupuestarias de dichas instituciones, las que limitan sus posibilidades de llevarlos al campo.

Debido a los contenidos que las facultades les enseñan, estos profesionales no están preparados para solucionar los problemas de los agricultores dentro de la escasez y de la adversidad productiva, es decir, solucionarlos con menos insumos, créditos, tractores, tecnologías de punta y con menor dependencia del Estado. Cuando se ven enfrentados a las restricciones que aparecen en el dibujo Nº 2, no disponen de los conocimientos adecuados para solucionar los problemas allí indicados en forma endógena (con los recursos locales y con tecnologías menos dependientes de aportes externos); esta es la razón de fondo por la cual tienden a solicitar más recursos y soluciones externas preconizadas por los modelos clásicos de desarrollo agropecuario, y como generalmente no los obtienen, no logran transformar las realidades adversas allí existentes.

El inmenso y complejo desafío de la equidad35 exige la urgente adecuación en la formación de los profesionales de ciencias agrarias para que ellos, además de impulsar el necesario desarrollo de la agricultura empresarial, estén en efectivas condiciones de transformar el estancamiento indicado en el dibujo Nº 2 en la prosperidad ilustrada en el dibujo Nº 6, aun cuando los agricultores no accedan, como de hecho gran parte de ellos no accede, a los factores clásicos de tecnificación agropecuaria. El primer paso en tal sentido es "ruralizar" la formación de dichos profesionales, para contrarrestar el insuficiente e inadecuado conocimiento que los estudiantes tienen del mundo rural: ellos no pueden proponer soluciones para el agro, si previamente no conocen los problemas allí existentes. Asimismo, se requiere adoptar nuevos métodos de enseñanza. A propósito, un reciente documento(36*), publicado conjuntamente por la ALEAS y por la FAO, menciona:

"La formación es excesivamente teórica, abstracta y desligada de la realidad productiva, con pocas posibilidades para que los alumnos ejecuten en forma directa y personal, dentro de las condiciones reales que enfrentan los productores, todas las actividades que éstos normalmente llevan a cabo en su ciclo agroeconómico (acceso a los insumos y al crédito; producción propiamente tal; procesamiento y comercialización). Los programas de estudio están recargados con un número muy alto de asignaturas, algunas de escasa relevancia o aplicabilidad y de carácter descriptivo, con poca o nula profundidad de análisis. Los métodos de enseñanza son, en general, de carácter lectivo y poco participativos y no conducen al cuestionamiento crítico de las realidades de los predios y de los servicios agrícolas de apoyo, ni fomentan la iniciativa, la creatividad es compromiso y la responsabilidad social de los futuros profesionales para transformar las adversidades y deficiencias existentes en los dos niveles antes mencionados" [10].

El desconocimiento de la realidad rural, de sus potencialidades y limitaciones, de las aspiraciones y necesidades reales (no de las aparentes) de los agricultores, contribuye a alejar aún más lo que se formula en las oficinas de planificación y lo que se investiga en las estaciones experimentales, de lo que realmente necesitan las familias rurales. Existe un creciente desencuentro entre la oferta universitaria urbana y las necesidades concretas de la demanda rural. Los futuros profesionales de ciencias agrarias necesitan recibir una formación:

- Más relevante para su ejercicio profesional y para las necesidades cotidianas de la mayoría de los agricultores (relevante en términos de conocimientos, habilidades, destrezas y aptitudes).

- Más realista y pragmática, que les dé condiciones técnicas de promover el desarrollo de los agricultores, a base de los recursos que ellos tienen en mayor abundancia y no de los que son más escasos e inaccesibles.; desgraciadamente existe una paralizante tendencia a hacer exactamente lo contrario y atrapar así a los agricultores en la dependencia, en vez de contribuir a liberarlos y a emanciparlos de ella.

- Más objetiva, que les permita diagnosticar(37*) los problemas concretos y las causas reales (no las aparentes) que los originan; identificar los recursos, las oportunidades y potencialidades de desarrollo (no sólo las debilidades y restricciones) existentes en sus predios; y, a partir de la utilización racional de los recursos realmente disponibles, solucionar los problemas concretos de los productores, con mínima dependencia de aportes materiales externos

- Más práctica, en el sentido de que sepan aplicar correctamente las tecnologías adecuadas a las necesidades y posibilidades de los agricultores, que sepan ejecutar con habilidad y destreza las labores agrícolas y, muy especialmente, que sepan solucionar en forma concreta, objetiva y realista, los siguientes problemas, porque son éstos los que, con mayor frecuencia, aquejan a los agricultores: i) cómo acceder a los factores de producción para obtenerlos a precios o costos más bajos; ii) cómo producir eficientemente para aumentar rendimientos, reducir costos y mejorar la calidad de las cosechas; iii) cómo administrar las fincas para evitar ociosidades y subutilización de los recursos en ellas existentes; iv) cómo conservar y procesar los productos agrícolas para incorporarles valor y reducir pérdidas poscosecha; v) cómo comercializar los excedentes con menor intermediación para obtener mejores precios de venta; y vi) cómo organizar sus comunidades para que los agricultores constituyan sus propios servicios y a través de ellos faciliten la solución en común de sus problemas comunes.

- Más constructiva y más positiva, que genere en los profesionales la voluntad y el compromiso de: i) encontrar y aplicar soluciones, en vez de limitarse a diagnosticar los problemas e identificar las causas que los originan; ii) formular el remedio (y saber aplicarlo), en vez de limitarse a señalar la enfermedad; y iii) asumir como suya la responsabilidad de solucionar los problemas de los agricultores, tales como ellos son y con los recursos que efectivamente poseen.

Si los profesionales no egresan con estos conocimientos, aptitudes, habilidades, destrezas y actitudes, sencillamente no se adecuan a las necesidades concretas de la gran mayoría de los agricultores de esta Región. Nuestros agricultores necesitan de profesionales "solucionadores" de problemas, "movilizadores" de personas y voluntades y "transformadores" de las realidades adversas imperantes en el medio rural.

Esta formación práctica no puede ser impartida exclusivamente en las aulas, en las condiciones artificiales de los laboratorios o estaciones experimentales, ni en la simulación de los computadores; debe ser proporcionada en las adversas y difíciles condiciones del campo, donde viven y trabajan las familias rurales; de ahí la importancia de "ruralizar" la enseñanza de las ciencias agrarias, dentro del principio de enseñar y aprender haciendo y produciendo. Lo anterior requiere una mayor inmersión de las facultades en su entorno; su mayor vinculación con la producción; y una mayor permanencia de los estudiantes en el campo, practicando y produciendo.

2° Obstáculo

La influencia de los fabricantes y proveedores de insumos y maquinarias. Estos naturalmente tienen interés en vender más fertilizantes, plaguicidas, raciones y maquinarias agrícolas. Debido a que este modelo alternativo no enfatiza el uso intensivo de bienes comercializables o patentables por parte de los grupos industriales, no cuenta entonces con su apoyo. Los representantes de estos grupos de intereses tienen acceso y ejercen fuerte influencia en los gobiernos, parlamentos, universidades, centros de investigación y medios de comunicación. Es a través de ellos que influencian a los formuladores y ejecutores de las políticas agrícolas de los países. Con estas variadas influencias contribuyen a que se cree a nivel de los profesionales y agricultores la equivocada convicción de que la única alternativa para desarrollar la agricultura es a través del uso masivo de semillas de alto potencial genético, fertilizantes, insecticidas, fungicidas, herbicidas, raciones, tractores, etc., y que para hacerlo posible se requiere de abundantes créditos subvencionados.

Es cada vez más difícil encontrar en el comercio especializado aquellos productos que contribuyan a emancipar a los agricultores de la dependencia de factores externos; pero es cada vez más fácil encontrar aquellos que perpetúan dicha dependencia. Aun en los rincones más apartados, existe un local comercial que expende: semillas híbridas (no así las de variedad); fertilizantes compuestos (no así de semillas de especies para abonos verdes que lograrían que los agricultores se volvieran menos dependientes de los fertilizantes químicos); raciones balanceadas para todas las especies animales y para todas sus etapas de desarrollo (no así de semillas de especies que les permitan mejorar las praderas o producir raciones caseras); fertilizantes nitrogenados sintéticos (pero no así inoculantes), etc. Es decir, todo contribuye a mantener al agricultor dependiente de comprar, año tras año, los insumos industrializados, en vez de producir sucedáneos en su propio predio. Cuando quiere independizarse, se encuentra ante la situación de que las gallinas de granja no se encluecan (pero sí encuentra fácilmente pollitos recién nacidos o incubadoras); que existen semillas de sandía cuyos frutos no tienen semillas; y que no encuentra los componentes para preparar la mezcla mineral casera para sus animales (pero sí encuentra, con mucha facilidad y en cualquier lugar, las sales minerales compuestas industrializadas).

Ante el lamentable debilitamiento de los servicios oficiales de extensión rural, muchos extensionistas ya no llegan con su mensaje educativo (y no comprometido comercialmente) a las fincas y hogares rurales; sin embargo, llegan los vendedores de insumos(38*) y también los permanentes mensajes radiofónicos y televisivos que estimulan el uso de agroquímicos y maquinarias. De no revertir esta situación, la agricultura será crecientemente orientada en función de los intereses del sector industrial/comercial y no en función de los intereses del sector agrícola; (los intereses de ambos sectores no sólo son diferentes, sino que también suelen ser antagónicos y conflictivos). De ahí que algunos servicios oficiales del Estado no deban ser reemplazados por servicios de empresas privadas con fines de lucro. Más bien tal responsabilidad debería, hasta donde fuera posible, ser gradualmente asumida por los propios agricultores organizados, naturalmente después de que el Estado les proporcione en forma paulatina las condiciones (de capacitación y de organización) para que constituyan sus propios servicios y disminuyan así su dependencia externa (del Estado y de las empresas privadas con fines de lucro).

Esta influencia de la industria productora de insumos y equipos es aun más grave en la actualidad, debido a la crisis financiera de las instituciones oficiales de investigación y universidades. Estas, al no disponer de recursos fiscales suficientes para generar nuevas tecnologías, recurren al apoyo financiero de los fabricantes de fertilizantes, plaguicidas, raciones, equipos, tractores, etc. No es de extrañar, entonces, que las nuevas tecnologías no apunten, como deberían hacerlo, a reducir el uso de insumos y equipos de alto costo.

Difícilmente un fabricante de plaguicidas financiaría una investigación que contribuyera a disminuir su uso; difícilmente un fabricante de fertilizantes nitrogenados contribuiría a la generación y difusión de una tecnología sobre abonos verdes o rotación de cultivos con leguminosas previamente inoculadas. Debido a la estrechez presupuestaria de los gremios profesionales y de las instituciones oficiales de apoyo al agro, un creciente número de congresos y seminarios destinados a discutir políticas agrícolas es financiado por los mencionados fabricantes de insumos y equipos; en tales condiciones es fácil entender la influencia que ejercen en las discusiones y deliberaciones de dichos eventos. Las personas no comprometidas por estos intereses meramente mercantiles deberán estar advertidas para no dejarse influenciar por planteamientos que, aunque en apariencia están preocupados con la suerte de los agricultores, en realidad están defendiendo otros intereses.

Esta influencia se agudiza porque debido a la crisis de las instituciones del Estado, las propias empresas privadas se están encargando, en forma creciente, de generar nuevas tecnologías. Existe una tendencia a nivel mundial en los fabricantes de fertilizantes y plaguicidas a volcarse también a la producción de semillas y a la investigación en biotecnología. En tales condiciones, es muy poco probable que las empresas privadas fabricantes de herbicidas, insecticidas, fungicidas y fertilizantes, se dediquen a generar nuevas plantas o a producir semillas con la preocupación de que sean menos dependientes de los referidos insumos. Además, es fácil de entender que los pequeños agricultores (que no compran o compran pocos insumos) no sean la clientela preferencial de las instituciones privadas con fines de lucro, que generan y difunden tecnologías agropecuarias.

Esta es una importante razón adicional para que la privatización de los servicios del Estado tenga ciertos límites porque, de lo contrario, los pequeños agricultores serán aun más marginados y el crecimiento con equidad seguirá siendo apenas una declaración de buenas intenciones.

3er Obstáculo

Los agricultores carecen de auténticos representantes que interpreten sus necesidades e intereses. Debido a su fragilidad y a la falta de un liderazgo genuino, se vuelven vulnerables a planteamientos populistas de quienes están más preocupados en conquistar simpatías (votos) que en solucionar los problemas de las familias rurales. Suelen ser víctimas de la demagogia de los malos políticos quienes dicen a los agricultores apenas lo que ellos quieren oír (por ejemplo, que ellos sólo podrán tener rentabilidad si el gobierno los subsidia) y no lo que ellos deberían oír (que si fuesen más eficientes se volverían menos dependientes de los subsidios). Con tales procedimientos los inducen a equivocaciones y desvían su atención de las verdaderas causas de sus problemas y de las formas de solucionarlos con realismo y objetividad.

Estos planteamientos generalmente dan a entender a las familias rurales que sus problemas se deben exclusivamente a factores externos tales como:

- insuficiencia de recursos productivos;

- falta de decisiones políticas;

- falta de leyes y reformas estructurales;

- inadecuación del régimen o sistema político;

- injusticia en las relaciones de intercambio a nivel internacional; o

- falta de créditos y subvenciones (a los insumos y a los productos).

Sin desconocer la existencia y la incidencia de algunos de los factores externos antes mencionados, no se debe sobreestimar su importancia, porque de no solucionar los problemas internos mencionados en los ítems 3.2.1, 3.2.2 y 3.2.3 del Capítulo 3, la eliminación de los obstáculos externos tendrá poca utilidad y eficacia. Además, los planteamientos populistas suelen resaltar una supuesta (aunque muy discutible) racionalidad y eficiencia de los campesinos en la asignación de sus recursos productivos y en la aplicación de tecnologías. De ahí concluyen, muchas veces en forma equivocada, que los problemas de los agricultores se deben a la falta de recursos y no de conocimientos. Al sobreestimar la importancia del factor que ellos no pueden manejar (recursos) y subestimar la importancia del factor que pueden manejar (conocimientos) apenas contribuyen a mantener a los agricultores en actitudes de pasividad y fatalismo, debido a que los llevan a pensar que: i) si las causas de los problemas son externas y si los recursos que ellos disponen son insuficientes, la conclusión lógica es que tanto las soluciones como los recursos para superar dichos problemas deberán venir de afuera y que, mientras éstos no lleguen, ellos no podrán hacer nada en pro de la solución de sus propios problemas; y ii) si ellos son racionales en la asignación de sus recursos y eficientes en la adopción de tecnologías, no requieren nuevos conocimientos, porque no necesitan introducir cambios administrativos ni tecnológicos en sus fincas.

Cuando los agricultores -estimulados por influencias populistas- reivindican al gobierno reformas estructurales, subsidios, recursos materiales y decisiones de alto nivel, que van más allá de sus posibilidades, se desgastan, caen en el descrédito, pierden su tiempo porque el Estado suele no tener recursos ni mecanismos operativos para satisfacer a todos, y pierden también la oportunidad de reivindicar medidas política y económicamente factibles que el gobierno podría y debería ofrecer a todos los agricultores. A modo de ejemplo, los agricultores deberían exigir y obtener recursos intelectuales (tecnologías apropiadas y capacitación) que sí estarían al alcance del gobierno y que contribuirían a emanciparlos, en gran parte, de los recursos materiales que infructuosamente reivindican al Estado. El mejor momento para hacer dichas reivindicaciones es en las campañas electorales, pero los agricultores deberán ser concientizados para "votar en los suyos", es decir, votar en los propios agricultores para que éstos sean realmente confiables cuando asuman los compromisos de defender las causas de los productores y de la agricultura.(39*)

4° Obstáculo

El deseo legítimo de facilitar la solución de los problemas. Debido a la complejidad de las actividades agropecuarias, a las adversidades de la vida rural y al bajo nivel de capacitación de los agricultores, existe una natural y legítima tendencia a:

- solicitar que el Estado les conceda más tierra, en vez de volver más productiva la que tienen disponible;

- contratar los servicios de un tractor para arar, rastrear, sembrar, desmalezar y cosechar, en vez de hacerlo con los animales de tracción y con la mano de obra familiar;

- adquirir raciones industrializadas, en vez de producir los ingredientes en sus fincas, y, sobre esta base, formular y preparar las raciones en los propios predios;

- recuperar la fertilidad del suelo exclusivamente con fertilizantes químicos, en vez de hacerlo también con otras alternativas, como por ejemplo las descritas en el punto 3 del Capítulo 5;

- aplicar un insecticida de amplio espectro que elimine todos los insectos (inclusive los enemigos de las plagas) en vez de aplicar las prácticas de manejo integrado de plagas;

- solicitar un crédito para adquirir más vacas, en vez de adoptar las medidas de alimentación, sanidad y manejo para que las vacas ya existentes mejoren su desempeño productivo y reproductivo;

- vender el producto al por mayor, sin elaborarlo, en la p ropia finca, en vez de procesarlo y buscar mejores opciones de venta, más cercanas a los consumidores, para venderlos al por menor;

- solicitar que el gobierno subsidie una agricultura antieconómica, en vez de adoptar las medidas productivas, gerenciales y organizativas para reducir los costos de producción e incrementar los precios de venta, de modo que al lograr rentabilidad, prescindan de los subsidios.

Es evidentemente justo y razonable que los agricultores quieran facilitar y hacer menos sacrificada la dura vida del campo y disminuir el esfuerzo que requieren las actividades agropecuarias. Sin embargo, es necesario tener cuidado para que esta legítima aspiración no signifique que todas las posibles ganancias de sus actividades vayan a caer en otras manos que no sean las del agricultor; toda facilidad tiene un precio: no siempre lo más fácil es lo más conveniente para la familia rural.

5° Obstáculo

El conformismo en aceptar pasivamente las distorsiones existentes. La larga y persistente reiteración de las distorsiones en las políticas agrícolas y en el funcionamiento de los servicios agrícolas de apoyo, ha contribuido a que se pierda la capacidad de asombro. Este acostumbramiento ha llevado a una suerte de conformismo y permisividad, que conducen a pensar que es normal o por lo menos tolerable que se formen profesionales para el desempleo; que se generen tecnologías irrelevantes o inadecuadas; que las tecnologías adecuadas no sean difundidas y mucho menos adoptadas por quienes deberían beneficiarse de ellas; que los extensionistas permanezcan en las oficinas por no disponer de medios para ir al campo, mientras los agricultores carecen de apoyo técnico y de capacitación; que los recursos del crédito rural sean desviados o mal aplicados; que se sobredimensionen las maquinarias y se desperdicien insumos importados con las escasas divisas de los países; que los servicios agrícolas de apoyo beneficien a las minorías, aunque en sus actos constitutivos se declare exactamente lo contrario; que dichos servicios sean ineficientes y no cumplan con sus objetivos, aunque consuman los escasos recursos públicos; que las instituciones gasten recursos fiscales, pero no produzcan resultados; y que los países con reconocida vocación agrícola hagan grandes importaciones de alimentos, desestimulando así a los productores nacionales.

Mientras siga persistiendo tal permisividad y tolerancia con las distorsiones antes mencionadas, es evidente que el modelo propuesto no podrá llevarse a la práctica, o mejor dicho: ningún modelo, por más apoyo y recursos que tenga, podrá promover el proclamado crecimiento con equidad.

Quienes formulan las políticas agrícolas deberán evitar las influencias indicadas en los cinco puntos antes mencionados, deberán tener plena conciencia de "a quiénes" se beneficia con las políticas de desarrollo agropecuario y, finalmente, tener espíritu crítico para establecer la diferencia entre las necesidades concretas de los agricultores y los deseos, estos últimos artificialmente creados por intereses ajenos a las familias rurales.


34. Como por ejemplo, afirmar que se podría alimentar a las multitudes de las grandes metrópolis latinoamericanas, abastecer el parque industrial y generar los excedentes que los países necesitan exportar para financiar su desarrollo, sin utilizar fertilizantes sintéticos, pesticidas, tractores, riego, tecnologías de punta, etc.

35. Elevar la oferta de efectivas oportunidades de desarrollo del 10 por ciento al 100 por ciento de los agricultores, mientras los recursos para hacerlo disminuyen, en vez de aumentar.

36. Educación agrícola superior en América Latina; sus problemas y desafíos.

37. Diagnosticar no sólo "qué" es lo que sucede en los predios, sino especialmente, el "por qué" sucede; las causas y no los síntomas (la "infección" y no solo la "fiebre"); los problemas solucionables por los propios agricultores (y no los que no pueden solucionar); lo que los agricultores necesitan y no aquello que ellos desean; en fin, los profesionales deben tener la capacidad de hacer un diagnóstico dinámico (no estático) del funcionamiento del predio, para descubrir con qué eficiencia (o ineficiencia) están siendo utilizados (o subutilizados) los recursos disponibles.

38. A quienes se suele denominar, en forma equivocada, agentes privados de asistencia técnica o, peor aún, agentes privados de extensión rural.

39. "Nosotros los agricultores debemos dejar de votar en médico, dentista, jugador de fútbol, mujer bonita y en personas que hacen lindos discursos, pero que no tienen nada que ver con nosotros. Necesitamos votar en personas que tienen nuestra sangre, que tienen callos en las manos al igual que los hombres del campo". Nelson Marquezelli, Presidente de la Comisión de Agricultura y Política Rural de la Cámara de Diputados de Brasil.

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