11. COMO ADECUARSE A LA ADVERSIDAD PRODUCTIVA Y A LA ESCASEZ DE RECURSOS

En este capítulo se tratará de demostrar que:  

a) algunos factores de producción escasos pueden ser reemplazados por otros más abundantes, sin perder eficiencia productiva y económica;  

b) ciertas tecnologías complejas y caras pueden ser substituidas por otras más sencillas y de menor costo;  

c) varios insumos industrializados pueden ser desplazados por sucedáneos producidos a nivel de las propias fincas;  

d) algunos insumos industrializados pueden ser eliminados o fuertemente disminuidos en los procesos productivos;  

e) el uso de insumos externos puede ser disminuido sin reducir los rendimientos obtenidos actualmente por los agricultores;  

f) los rendimientos pueden aumentarse manteniendo el actual nivel de utilización de insumos y los mismos gastos; y finalmente que  

g) la adversidad físico productiva y la escasez de recursos no son obstáculos insuperables que deban seguir manteniendo a los agricultores en el círculo vicioso de miseria.  

Para demostrar todo esto, se analizarán los principales factores que convencionalmente se apuntan como restrictivos y obstaculizadores del desarrollo agropecuario. En cada caso se indicará un conjunto de alternativas que permitirían eliminarlos o volverlos menos importantes e incluso prescindibles.    

11.1 ¿QUE HACER CUANDO LA TIERRA ES INSUFICIENTE Y DE MALA CALIDAD?

Los 13.500.000 pequeños agricultores de América Latina poseen una superficie promedio de 11,2 hectáreas de tierra, de las cuales apenas 4,2 hectáreas son cultivables y solamente 3,3 hectáreas están realmente cultivadas. Esta situación, comparada con la de los pocos propietarios de grandes extensiones de tierra, muchas veces subutilizada y ociosa, de por sí justifica la urgente necesidad de que los pequeños agricultores se organicen y movilicen para lograr una distribución más justa y equitativa de este importante factor de producción.  

Sin embargo, mientras se desarrolla tal esfuerzo, es necesario adoptar otras medidas paralelas, ya que la insuficiente tierra de los pequeños agricultores será aún más insuficiente si ellos:  

- siguen utilizando apenas el 80 por ciento de la superficie de que disponen (4,2 hectáreas cultivables versus 3,3 hectáreas cultivadas);  

- no adoptan tecnologías capaces de aumentar su productividad (rendimientos más altos y mayor número de cosechas por unidad de tiempo).  

Es fácil constatar que la mayoría de las 13 alternativas indicadas en el Capítulo 5 contribuirían a contrarrestar los efectos de la insuficiente superficie de tierra, si fueran debidamente adoptadas. Sin embargo, al no conocerlas, o no haber sido capacitados ni motivados para adoptarlas, ellos continuarán:  

- preparando el suelo en forma inadecuada y a destiempo;  

- no adoptando medidas elementales para mantener o recuperar su fertilidad;  

- no ocupándolo durante todo el año, aun cuando las condiciones climáticas lo permitan;  

- no adoptando variedades de ciclo más corto para que produzcan, aun cuando el período de lluvias sea de corta duración;  

- no haciendo cultivos de relevo, lo que les permitiría aumentar el número de cosechas en un mismo período de tiempo;  

- haciendo siembra directa en vez de trasplante, aun cuando la mano de obra no sea un factor limitante y ciertos cultivos permitan la adopción de tal tecnología: haciendo trasplante se podría reducir el tiempo de ocupación de la tierra escasa y los gastos en desmalezamiento, fertilizantes, riego y agroquímicos;  

- no cultivando especies de mayor densidad económica o variedades más productivas;  

- no realizando las labores agrícolas en forma correcta y en el momento oportuno;  

- utilizando semillas de baja calidad y sembrándolas con insuficiente densidad o no reponiendo, de inmediato, las plantas que no han germinado;  

- no injertando y no podando los frutales, con repercusiones negativas en la precocidad, rendimiento por mata y número de plantas por hectárea;  

- permitiendo que las plagas, malezas y enfermedades reduzcan los rendimientos de sus cultivos y crianzas;  

- produciendo rubros menos eficientes por unidad de tierra, de capital y de tiempo, como por ejemplo criar animales mayores en vez de animales menores(40*), animales menores en vez de leguminosas, cereales en vez de raíces y tubérculos, etc., (muchos productores destinan una importante superficie de su escasa tierra a mantener potreros para pastoreo con bajísima capacidad de soporte, en vez de dedicarla al cultivo tecnificado de forrajeras de corte que podrían aumentar la producción de forraje por hectárea y, con ello, ahorrar en cercos o liberar parte de la tierra para el cultivo de otros rubros);  

- obteniendo baja productividad de su ganado y alargando innecesariamente el tiempo para empezar la actividad reproductiva y para llegar al mercado (y ocupando la tierra escasa por un período excesiva e innecesariamente largo) debido a la falta de un mejor manejo de la alimentación y de la sanidad;  

- permitiendo que ocurran importantes pérdidas en el campo mismo, en la cosecha, en el almacenaje y en el transporte.  

En resumen, si los agricultores no se organizan para conquistar una mayor superficie de tierra, si continúan manteniendo el 20 por ciento de ella improductiva, si no la utilizan durante todo el año, si siguen sin adoptar tecnologías apropiadas que permitirían aumentar los rendimientos de las explotaciones y si tienen importantes pérdidas poscosecha, es evidente que la escasa tierra será insuficiente y poco productiva y, en consecuencia, aun más insuficiente. Como se puede observar, además de la insuficiencia de tierra, también existe una inadecuación en la aplicación de las tecnologías agropecuarias y gerenciales, que contribuye a hacerla aun más insuficiente. El mejor argumento para demostrar lo anterior y las reales posibilidades de "agrandar" la superficie de tierra, es comparar el dibujo Nº 2 con el Nº 6, lo que permite constatar la imperiosa y urgente necesidad de orientar y capacitar a los productores para que ellos mismos realicen dicha transformación, a partir de tecnologías apropiadas a los recursos que poseen, en vez de seguir esperando perfeccionismos inalcanzables y utopías dependientes de decisiones y aportes externos. No siempre la mejor forma de aumentar la producción de los pequeños agricultores es concederles más tierra.  

11.2 ¿QUE HACER CUANDO EL CREDITO ES ESCASO E INACCESIBLE?  

Los recursos que el Estado asigna para los programas de crédito rural son reconocidamente insuficientes; los altos costos operativos de las agencias oficiales de crédito, la concesión de subsidios, la alta morosidad en la recuperación de los préstamos y las condonaciones de deudas, los hacen (o hicieron) aun más insuficientes; y además, los trámites burocráticos para su obtención son normalmente muy engorrosos. Todo esto, sumado al hecho de que suelen ocurrir interferencias o favorecimientos políticos en su otorgamiento en favor de los grandes productores, conduce a que la inmensa mayoría de los agricultores no tenga acceso a este importante factor que debería tener como objetivo estimular la introducción de innovaciones tecnológicas y gerenciales, mejorar la eficiencia productiva y aumentar la productividad agropecuaria.  

En muchos casos la filosofía y los objetivos del crédito rural oficial han sido desvirtuados, pues este instrumento no ha sido utilizado para fomentar la introducción de innovaciones tecnológicas y gerenciales ni para propiciar que los factores de producción, propios o adquiridos, sean aplicados racionalmente(41*). Más bien, el crédito ha servido para financiar: i) campañas de aumento de la producción sobre la base de tecnologías que ya son adoptadas por los agricultores y, en consecuencia, sin cumplir ninguna función inductora a la modernización tecnológica; ii) la adquisición de insumos y equipos; y iii) inversiones en obras de infraestructura. Es decir, el crédito rural ha sido un estimulante de la utilización de "tecnologías de producto" y no tanto del uso de "tecnologías de proceso". Ello se debe, en parte, a que hay una equivocada tendencia a pensar que la introducción de innovaciones tecnológicas es sinónimo de incorporación de insumos y maquinarias, y a establecer una condicionalidad entre ambos, lo que no siempre, ni necesariamente, es verdadero.  

El crédito oficial suele ser concedido en montos elevados a favor de unos pocos agricultores, con el agravante de que a estos mismos beneficiarios les es ofrecido año tras año. Muchas veces el crédito se destina a financiar todos los años, los insumos y servicios de bajo costo que podrían y deberían ser costeados con recursos propios de los agricultores, recursos que deberían haber sido generados con la rentabilidad de la actividad agropecuaria de los ciclos anteriores.  

Al proceder de esta manera, los escasos montos del crédito rural oficial se agotan rápidamente para satisfacer a una minoría y el Estado deja de atender a la gran mayoría de pequeños agricultores. Esta gran mayoría necesitaría el crédito en pequeñas cantidades y lo requeriría unas pocas veces, para financiar factores de producción perdurables, como por ejemplo, algunas hembras preñadas (vaca, cerda, oveja, cabra, coneja, cuy), una colmena de abejas, algunas aves de corral, semillas mejoradas (no híbridas) de distintas especies, ciertos insumos mínimos, herramientas e implementos agrícolas para tracción animal, etc. Algunos de estos factores (animales y semillas) se multiplicarían y reproducirían en los años siguientes, liberando a los agricultores de la necesidad de recurrir todos los años a los agentes financieros en busca de nuevos préstamos. De esta forma, habría disponibilidad de crédito rural para financiar a otros productores aún no beneficiados.  

Siempre que fuese posible, el crédito debería ser concedido para empresas de tipo comunitario (con garantía y responsabilidad solidaria) y reproducible, las que se encargarían de ofrecer servicios y recursos a los miembros del grupo organizado; a modo de ejemplo: campos comunitarios para la producción de semillas o plantones injertados; unidad grupal para la producción de raciones; crianza de cerdos en sistema de condominio; adquisición de un semental de mejor potencial genético; compra de maquinaria para uso multipredial, etc.  

De esta forma con una única operación de crédito se financiaría una empresa perdurable, que multiplicaría y produciría bienes para los asociados durante muchos años; este mecanismo reemplazaría el inadecuado procedimiento de que cada agricultor, en forma individual, tenga que enfrentar todos los años los engorrosos trámites del banco o recurrir al usurero para comprar, también en forma individual, los varios insumos que los beneficiarán una única vez. En otras palabras, sería un crédito para que el grupo produzca colectiva y recurrentemente los factores de producción en las propias comunidades, en vez de créditos para que cada agricultor compre individualmente dichos factores a los intermediarios cada año.  

El crédito oficial debería tener un carácter instrumental y multiplicador y ser concedido como apoyo o estímulo inicial para que todos los agricultores, al tecnificar sus actividades agropecuarias, consigan lograr uno de estos dos importantes objetivos:  

a) producir (en vez de comprar) algunos factores posibles de ser producidos en el predio (semillas, plantones, abonos, animales de trabajo y de producción, etc.); o  

b) generar los recursos financieros necesarios para adquirir aquellos factores que no pueden ser producidos en la finca. El predio eficiente y muy diversificado debería ser el banco del agricultor.  

Dicho de otra forma, en primer lugar el crédito rural oficial debería ser un "estimulador" de la eficiencia técnica y gerencial de las actividades agropecuarias y no un "compensador" que subsidie la ineficiencia, ni un "facilitador" que estimule la compra de insumos y equipos(42*). En segundo lugar, la tradición de conceder montos elevados a unos pocos agricultores más pudientes y año tras año, debería ser reemplazada por una orientación hacia la concesión de pequeños montos para actividades iniciales con efecto multiplicador; el crédito sería concedido en una sola operación, en forma colectiva, a un grupo de agricultores, sólo para facilitarles el despegue inicial. Al darles este despegue, el crédito permitiría que los agricultores se liberasen de su dependencia en los años siguientes (al generar en sus propios predios los recursos necesarios para financiar las actividades del próximo ciclo de cultivos); en vez de perpetuarla como suele ocurrir en la actualidad.  

Al reducir el monto del crédito, eliminar su perennidad, aplicarlo en inversiones reproducibles y evitar que sea concedido año tras año a una misma minoría de privilegiados, habría recursos suficientes que podrían ser extendidos a la gran mayoría de pequeños agricultores. Como se ve, la insuficiencia de recursos podría ser atenuada si se adoptaran medidas que dieran al crédito escaso un carácter más democrático y el necesario efecto multiplicador. De no hacerlo, los recursos serán cada vez más insuficientes. Por otra parte, debe reconocerse que la corrección de las distorsiones antes mencionadas, aunque necesaria, no será suficiente. El crédito rural oficial, de por sí ya escaso y mal utilizado, será todavía más escaso si:  

a) los factores de producción financiados siguen siendo mal utilizados o desperdiciados, en virtud de la inadecuada e insuficiente capacitación de los agricultores (por ejemplo, utilizar plaguicidas de amplio espectro que eliminan inclusive los enemigos de las plagas, en vez de eliminar sólo éstas, o utilizar herbicidas para eliminar leguminosas de las pasturas por considerarlas como malezas);  

b) los recursos aportados continúan siendo desviados hacia otras actividades más rentables o remuneradoras fuera del sector agropecuario;  

c) sigue utilizándoselo en la compra de insumos prescindibles o que podrían ser reemplazados por otros producidos en las mismas fincas;  

d) se siguen aplicando para financiar equipos o inversiones sobre-dimensionados.  

e) los productores no aplican todas las innovaciones que no dependen del crédito (no puede alegar falta de crédito el agricultor que aún no incorporó las muchas tecnologías que reconocidamente no dependen del aporte crediticio).  

Para que el factor crédito sea menos indispensable, los pequeños agricultores podrían adoptar las siguientes medidas tecnológicas, gerenciales y organizativas:    

11.2.1 Diversificar sus actividades productivas

Como fruto de la diversificación, cada agricultor podría tener una "granja integrada autosuficiente" y producir en ella prácticamente todos los ingredientes necesarios para ofrecer diariamente, a su familia y a sus animales, una alimentación completa y balanceada, además de asegurar la obtención diaria de pequeños ingresos y el aporte de ciertos insumos que reemplazarían a los insumos externos. Al hacerlo, sería más autosuficiente e indiscutiblemente se volvería mucho menos dependiente del crédito. Los agricultores que se dedican al monocultivo que les genera alimentos e ingresos apenas una o dos veces al año, evidentemente serán mucho más dependientes del crédito, no sólo para comprar los alimentos y otros productos para el hogar, sino también para satisfacer sus necesidades productivas (insumos).  

11.2.2 Mejorar la administración de sus predios

Los agricultores deberían utilizar íntegra y racionalmente todos los recursos productivos que poseen (tierra, mano de obra familiar, agua, equipos, animales de producción, animales de trabajo, etc.), para que éstos rindan en la plenitud de sus potencialidades como alternativa realista para no necesitar adquirirlos en mayor cantidad. Al planificar los cultivos y las crianzas, deberían priorizar los rubros que generan ingresos, en distintas épocas del año y ojalá durante el año entero (lechería, olericultura, bananicultura, ganadería menor, etc.). Con estas dos medidas se volverían mucho menos dependientes del crédito.  

11.2.3 Hacer inversiones en forma conjunta

Existen ciertas inversiones que por razones de orden técnico o económico no se justifica hacerlas individualmente, pero que bien podrían ser efectuadas conjuntamente con los vecinos; por ejemplo, uso de sementales y maquinarias, construcción de obras de riego, centros de acopio y enfriamiento de leche, queserías rurales, etc. De esta forma sería posible reducir los gastos y disminuir la dependencia del crédito rural.  

Como se ve, es necesario desmitificar la importancia del crédito, introduciendo innovaciones tecnológicas y gerenciales que lo hagan menos imprescindible. Es impresionante lo mucho que los propios agricultores podrían hacer para volverse menos dependientes de ese factor supuestamente imprescindible, pero que de hecho no es tal(43*); no se debe, por lo tanto, sacralizarlo. Igualmente impresionante es constatar los inmensos esfuerzos que se hacen para que los agricultores accedan a dicho factor y los mínimos esfuerzos que se hacen para disminuir su dependencia de él y para volverlo más eficiente, cuando disponible.  

Y para concluir: a) si el crédito fuera tan eficaz y eficiente no habría tantos agricultores endeudados (si los hay, significa que cuando hubo crédito muchas veces les creó nuevos problemas en vez de solucionarlos); b) si hubiera abundancia de recursos para el crédito rural, tampoco sería la solución para los pequeños agricultores, debido a su baja capacidad de endeudamiento (por insuficiencia de garantías reales) y de restitución (debido a la baja rentabilidad) y c) si en los tiempos en que el crédito era fuertemente subsidiado no fue tan seguro y beneficioso para los agricultores ¿cómo lo será ahora que las tasas de interés son reales y positivas? Definitivamente, es necesario combatir la mitificación del crédito y con ello, la mistificación de los agricultores. Si el Estado ya no tiene crédito para distribuir no le queda más remedio que enseñar a los agricultores para que sepan prescindir de él o generarlo en sus propias fincas.  

11.3 ¿QUE HACER CUANDO LAS SEMILLAS MEJORADAS SON EXCESIVAMENTE CARAS?

Las semillas mejoradas tienen un gran potencial para aumentar los rendimientos por superficie cultivada; en algunos casos, el simple cambio de este factor permite obtener extraordinarios incrementos en la productividad. Sin embargo, a pesar de ello y por distintas razones, los pequeños agricultores normalmente no utilizan semillas de mejor calidad (genética, física, sanitaria y fisiológica); los bajos rendimientos que por tal motivo obtienen, requieren que amplíen la superficie cultivada más allá de lo que sería necesario; y esta ampliación les exige un importante, agotador e innecesario aporte adicional de mano de obra. Los agricultores no pueden seguir sembrando granos de baja productividad y estar condenados por lo tanto a una producción insuficiente, muy especialmente en zonas de minifundio, donde con más razón es necesario obtener mayor cantidad de alimentos por unidad de tierra, ya sea cultivando variedades más precoces, más productivas o más nutritivas.  

La incidencia de las semillas en el costo total de producción es habitualmente muy baja (existen algunas excepciones, como por ejemplo, los tubérculos de papas) comparada con los indiscutibles beneficios que producen en términos de aumento de los rendimientos. En virtud de lo anterior, aunque las semillas sean caras, los agricultores deberán hacer especiales esfuerzos para acceder a un material de buen potencial productivo. En el caso de que no puedan comprarlas todos los años, deberían adquirirlas en pequeñas cantidades (no híbridas) y multiplicarlas para tenerlas disponibles para los años siguientes, a muy bajos costos.  

Al respecto, una publicación de la FAO denominada "Autoabastecimiento de semillas de calidad: una solución al alcance del pequeño agricultor" demuestra las reales posibilidades que tienen los campesinos, por limitados que sean sus recursos, para producir sus propias semillas. En dicha publicación se menciona, a modo de ejemplo, que para producir aproximadamente los 20 kg de semillas que son necesarios para sembrar una hectárea de maíz, sería suficiente cultivar (con buena tecnología), en el año anterior una parcela con una superficie inferior a 100 metros cuadrados y que, para sembrar esta reducida superficie, se requeriría comprar apenas 150 a 200 gramos de semillas de buena calidad. ¿Cuál es el agricultor que no puede comprar 150-200 gramos de semillas y cultivar con prolijidad, una parcela de 100 metros cuadrados para multiplicarlas(44*)?  

Como alternativa, los pequeños agricultores podrían mantener un campo comunitario de producción de semillas y plantones, el que sería conducido por uno de sus miembros, previa y adecuadamente capacitado para tal fin. También podrían obtener los materiales de propagación a través de selección masal, como por ejemplo escoger las plantas más sanas, más vigorosas y más productivas; en el caso del maíz, eliminar los granos de las extremidades de las mazorcas; en el caso de las papas, marcar las plantas con síntomas de virus y destruirlas para que sus tubérculos no se mezclen con los destinados a semillas; en el caso de las leguminosas, eliminar las vainas más cercanas al suelo; en el caso de la yuca, utilizar el tercio medio de las plantas y escoger éstas en función de la sanidad y del número de raíces; en el caso de las hortalizas, seleccionar las plantas más sanas y más productivas, guardando los mejores frutos para obtener semillas; etc. Adicionalmente, cosecharlas en la fecha más próxima de la maduración fisiológica, secarlas inmediatamente después de la cosecha, y almacenarlas en lugar fresco, seco, ventilado y protegido de las plagas.  

Como se puede constatar, los pequeños agricultores podrían tener reales posibilidades de disponer de semillas de mejor calidad, sin que para ello sea necesario que año tras año gasten dinero en su compra; o que estén sujetos a que no lleguen a tiempo de sembrarlas, no tengan buena sanidad, germinación y pureza, o su potencial productivo sea insatisfactorio. Sin embargo, la gran mayoría de los agricultores, al no adoptar estas medidas y al no disponer de recursos para comprar semillas mejoradas, siguen sembrando año tras año sus granos de bajo potencial productivo, con desconocido y frecuentemente bajo poder germinativo y muchas veces contaminados con patógenos, plagas y semillas de malezas, lo que sumado al hecho de no hacer test de germinación y de no regular la sembradora, redunda en una inadecuada densidad de plantas y, en consecuencia, en bajos rendimientos. En estas condiciones, de poco servirá que los agricultores gasten sus escasos recursos en regar y aplicar fertilizantes y pesticidas, porque debido a las razones antes mencionadas, el cultivo no responderá adecuadamente a estos factores externos y de alto costo.  

11.4 ¿QUE HACER CUANDO LOS FERTILIZANTES QUIMICOS SON CAROS E INACCESIBLES?

Los suelos de los pequeños agricultores generalmente están muy erosionados y tienen baja fertilidad; consecuentemente, una medida imprescindible para hacer factible esta estrategia de autodesarrollo endógeno, es recuperar y mantener la fertilidad del suelo para aumentar su productividad. Para tal fin, es muy conveniente que los agricultores incluyan en sus sistemas de producción la crianza de animales y la rotación de cultivos con leguminosas inoculadas. Debido al agotamiento de los suelos, es difícil aumentar los rendimientos de los cultivos sin utilizar abonos orgánicos o fertilizantes químicos. Desafortunadamente, estos últimos tienen precios que muchos pequeños agricultores no pueden pagar; pero afortunadamente, la recuperación y la mantención de la fertilidad de los suelos no necesariamente son sinónimo de permanentes y costosas incorporaciones de fertilizantes sintéticos. La ciencia agronómica dispone de otras alternativas que hacen que los fertilizantes químicos sean menos imprescindibles y, si persiste la imprescindibilidad de su uso, que sean más eficientes. Algunas de las alternativas incluidas en el Capítulo 5 demuestran claramente tales posibilidades.  

Si los agricultores no adoptan dichas alternativas; si producen monocultivos que no les permiten hacer rotaciones con leguminosas inoculadas; si en sus sistemas de producción no incluyen a los animales, los que ayudarían a recuperar la fertilidad de los suelos a través de las praderas y del estiércol; si dejan el suelo sujeto a erosión por mantenerlo a descubierto durante largos períodos del año, en vez de sembrar algún cultivo de cobertura para abono verde; si desperdician o queman la materia orgánica disponible; si no hacen análisis de suelo antes de aplicar los fertilizantes químicos y los incorporan en cantidad, formulación(45*), época (sin parcelar la aplicación) o localización inadecuada; si no siembran en curvas de nivel; si no eliminan las malezas en el momento oportuno y permiten que éstas -y no los cultivos- consuman los nutrientes de los fertilizantes; si todo ello ocurre (y en general lamentablemente ocurre), es evidente que los agricultores seguirán muy dependientes del uso de fertilizantes químicos y deberán comprarlos en cantidades superiores a las que serían necesarias si adoptaran las alternativas tecnológicas recién mencionadas.  

11.5 ¿QUE HACER CUANDO LAS RACIONES Y LOS CONCENTRADOS SON MUY CAROS?

"Conviene señalar que en los programas gubernamentales de la mayoría de los países latinoamericanos, el aspecto de alimentación es el que menos atención recibe. Con frecuencia se sostiene que la baja producción de los animales de las pequeñas unidades agropecuarias, se debe a su bajo potencial genético. Bajo esa premisa, se invierten sumas considerables de dinero en importaciones de animales de "mejor" calidad genética y en programas de inseminación artificial y hasta de transferencia de embriones con resultados negativos. La magnitud en que la alimentación afecta la productividad animal, se puede apreciar en los resultados de un experimento llevado a cabo en la sierra del Perú (IVITA, 1974). Ovejas criollas procedentes de varias comunidades campesinas, con un peso promedio de 19,7 kg a los 20 meses de edad y preñadas, fueron trasladadas a potrero de 'rye grass' y 'trébol blanco', previo tratamiento contra parásitos gastrointestinales. Sus corderos, nacidos en el nuevo ambiente, pesaron al destete, a los 90 días, un promedio de 17,0 kg". [9] Ello significa que alcanzaron en 90 días casi el mismo peso que a sus madres les llevó más de 600 días.  

Muchos productores no logran hacer económicamente viables sus explotaciones pecuarias por el hecho de alimentar a sus animales con grandes cantidades de raciones y concentrados industriales. Por su alto precio, éstos encarecen muchas veces innecesariamente los costos de producción. Los agricultores podrían reducir los costos de la alimentación de sus animales, si estuvieran sensibilizados sobre la importancia de algunas de las medidas mencionadas a continuación y si fueran debidamente capacitados para adoptarlas:  

1) Mejorar sus pasturas a través de la introducción de gramíneas más productivas y nutritivas y su asociación con forrajeras leguminosas debidamente inoculadas, manejándolas adecuadamente para que produzcan forrajes en mayor cantidad y de mejor calidad. La base de la alimentación de los poligástricos debería estar constituida por pasturas para reducir los costos, y para que ellos no compitan con los seres humanos y con los animales monogástricos. Para los poligástricos, las raciones y concentrados de origen industrial deberían ser un complemento, después de agotadas las siguientes alternativas: pastoreo directo; forrajes para corte y consumo in natura; heno y/o ensilaje; y granos producidos en el predio. Los concentrados deberían ser utilizados en forma estratégica, suministrándolos en mayor cantidad a las vacas que producen más, en las etapas que tienen mayor capacidad de respuesta y en el momento en que son mayores sus requerimientos nutricionales, para compensar el agotamiento provocado por la mayor producción de leche. En virtud de su alto costo los concentrados no deberían ser utilizados en forma indiscriminada independientemente del desempeño productivo de cada vaca.  

2) Almacenar los excedentes en épocas de abundancia (ensilaje, heno) para utilizarlos en períodos de escasez. Mejor aún, si fuera posible (y muchas veces lo es) sembrar especies que produzcan inclusive en los períodos críticos, como por ejemplo, sembrar avena o col forrajera durante el invierno en las zonas templadas o leguminosas arbóreas/arbustivas y caña de azúcar en las zonas tropicales. Estas son alternativas muy interesantes para producir "heno o ensilaje vivo" y tenerlos disponibles en las épocas de escasez, sin necesidad de incurrir en todos los gastos (en dinero y en tiempo) para la preparación, almacenaje y conservación de ensilaje o heno convencionales.  

3) Cultivar verdeos o forrajes para corte, porque su rendimiento generalmente es superior al de las praderas en régimen de pastoreo.  

4) Implantar bancos de proteínas.  

5) Usar antiparasitarios para que sean los animales y no los parásitos los que consuman los nutrientes de los forrajes y raciones.  

6) Elaborar sus propias raciones, a partir de la materia prima que producen o que podrían producir en sus mismos predios. En las fincas de los pequeños agricultores de América Latina se producen, o se podrían producir, materias primas con las cuales podrían obtener forrajes y raciones de excelente calidad, tales como maíz, sorgo, soya, alfalfa, trébol, guandul, gliricidia, desmodium, centrosema, soya perenne, algarrobo, leucaena, stilosantes, caña de azúcar, ramio, yuca, camote, zapallo, etc. Con algunas de estas especies, los agricultores podrían mejorar sus praderas monofíticas, aumentar su capacidad de soporte y mejorar su valor nutritivo; otras les permitirían complementar sus pasturas mediante producción de forrajes para corte; y por último, ciertas especies les posibilitarían la producción de sus propias raciones a nivel predial, comprando apenas pequeñas cantidades de sales minerales y de proteínas de origen animal (sólo para los monogástricos).  

Estas raciones caseras pueden ser de calidad superior a las industrializadas y sus costos son incomparablemente más bajos; cuando son complementadas por el suministro de alfalfa verde o por el pastoreo con forrajeras rústicas y palatables, los gastos en alimentación se reducen en forma muy significativa. Si consideramos que en ciertas crianzas, como la de cerdos, la alimentación constituye el 80 por ciento del costo total de producción, es evidente que el comprar o producir las propias raciones determinará si el agricultor tendrá pérdidas o ganancias en su actividad.  

Es inaceptable que los pequeños agricultores produzcan algunas de las valiosas materias primas antes mencionadas (maíz, sorgo, soya, alfalfa, yuca, etc.), las vendan in natura, a precios bajos, y posteriormente compren a altos precios las raciones fabricadas, en gran parte, con estos mismos ingredientes. Se hace necesario advertirles que al proceder de esta manera, probablemente están comprando una ración que fue fabricada con los mismos ingredientes producidos por ellos, los cuales, luego de hacer un largo recorrido desde sus fincas de origen hasta el centro industrial, regresan debidamente procesados y vendidos a elevados precios. Mediante este procedimiento equivocado, los productores no se dan cuenta que están compartiendo sus escasas ganancias con el intermediario que les compró la materia prima, con el industrial que la procesó y con el intermediario que les vendió la ración, y que además, están también pagando el flete de ida y vuelta, los impuestos y otros gastos incorporados al precio final de la ración o concentrado.   Más dramático aun es constatar que muchas veces estos productores necesitan recurrir a los agentes de crédito, endeudarse y pagar intereses para comprar una ración que, como se dijo, muy probablemente ha sido fabricada con los ingredientes producidos en sus propios predios. Estas y otras distorsiones similares (cuyas soluciones podrían y deberían estar al alcance de los agricultores), son importantes causas de sus ingresos insuficientes. Si los productores estuvieran debidamente capacitados para fabricar dichas raciones en sus propias  fincas o comunidades, ahorrarían los recursos que les permitirían pagar, en corto tiempo, el costo del motor y el triturador necesarios para moler los ingredientes. Una buena capacitación (hecha una sola vez) sería suficiente para liberarlos de la dependencia perjudicial e innecesaria de la adquisición de raciones (que se repite en forma rutinaria, durante todas sus vidas). Como puede verse, los recursos productivos suelen estar disponibles en sus propios predios, las soluciones existen y son eficaces; sólo hace falta capacitar a los agricultores y demostrarles que ellos mismos son capaces de solucionar sus problemas a partir del mejor uso de sus propios recursos.  

11.6 ¿QUE HACER PARA MEJORAR EL POTENCIAL GENETICO DE LOS ANIMALES?

Los pequeños agricultores normalmente tienen pocos animales de producción, debido a la insuficiencia de recursos para adquirirlos en mayor cantidad, la reducida superficie de sus tierras y la baja capacidad de soporte de sus pasturas. Agrava esta situación el hecho de que necesitan un semental y tienen pocas hembras, por lo que generalmente existe un sobredimensionamiento del primero en relación con el número de hembras (por ejemplo tienen un reproductor para cinco vacas, cuando lo ideal sería un semental para 25 ó 30 hembras). En virtud de este sobredimensionamiento, los productores contribuyen, sin quererlo, a que la superficie de su escasa tierra sea aun más reducida, porque el semental ocupa el espacio y consume los alimentos que podrían ser destinados a más de una hembra adicional.  

La otra agravante es que tanto los reproductores como las hembras generalmente son de bajo potencial genético y cada pequeño agricultor no puede tener un buen semental. Una alternativa sería la organización de los agricultores para que en conjunto adquieran un reproductor de mejor potencial, que pueda atender a un número ideal de hembras pertenecientes a varios integrantes del grupo; los agricultores entenderán que les resultará mucho más económico adquirir y alimentar a un único pero buen semental, que comprar cinco reproductores mediocres y alimentar cinco de ellos innecesariamente. La segunda alternativa sería constituirse en grupo para contratar los servicios de inseminación artificial (u organizar su propio servicio).  

Con cualquiera de las dos alternativas se superaría el problema del sobredimensionamiento. Al eliminar el semental individual, cada productor podría tener una vaca adicional y, sobre todo, mejoraría la calidad genética de la masa ganadera arrojando reconocidas e indiscutibles ventajas productivas y económicas. Sin embargo, la mayoría de los productores no adoptan estas soluciones, no tanto por falta de condiciones económicas para hacerlo, sino más bien por ausencia de sensibilización sobre la importancia de mejorar el potencial genético de su masa ganadera y por desconocimiento de sus reales posibilidades de poder hacerlo.  

De más está decir que de poco servirá que los productores mejoren el potencial genético de su ganado, si antes de ello no han mejorado y aumentado la producción de forrajes, si no han producido sus propias raciones, si no han almacenado forraje para las épocas de escasez, si no han destetado precozmente a los terneros, si no han mejorado la eficiencia reproductiva (anticipando la edad de reproducción, reduciendo los intervalos entre partos, aumentando el número de crías por parto y el número de animales destetados) y si no han vacunado, mineralizado y desparasitado a sus animales.  

Una reflexión sobre los temas incluidos en los puntos 11.5 y 11.6

En estos dos puntos fueron incluidas algunas alternativas que permitirían a los productores pecuarios aumentar la producción y la productividad de su masa ganadera, por medio de la adopción de medidas compatibles con los recursos que normalmente poseen.  

No obstante lo anterior, los productores generalmente no lo hacen, entre otras razones porque no se dan cuenta de las pérdidas que les acarrea el adoptar métodos tradicionales de crianza de sus animales. Tampoco se les ha demostrado que disponen de los recursos necesarios, que tienen reales posibilidades de introducir innovaciones de bajo costo y que son capaces de hacerlo. Con el propósito de motivar a los productores para que adopten las medidas antes propuestas, es útil hacerles ver, entre otras cosas que:  

a) Si una vaca empieza a parir a los 42 meses pudiendo hacerlo a los 28, si tiene un parto cada 24 meses pudiendo tenerlo cada 13 meses, y si al novillo le toma cinco años llegar al mercado pudiendo hacerlo a los dos años y medio, es evidente que el agricultor verá sus ingresos sensiblemente reducidos; además, necesitará más tierra y mayor cantidad de alimentos para mantener animales que durante un largo tiempo consumen, pero virtualmente no producen, o producen por debajo de sus posibilidades.  

b) Si una vaca produce tres litros diarios de leche durante 180 días pudiendo producir seis litros durante 300 días, los ingresos disminuyen, ya que produjo apenas 540 litros de leche por lactancia, en circunstancias en que podría haber producido 1.800; además, hay una capacidad ociosa correspondiente a un factor de producción caro -como son las vacas- que a los productores pecuarios les cuesta mucho adquirir. Si las vacas producen poca leche, la prioridad no necesariamente deberá consistir en comprar más vacas, sino en mejorar el desempeño productivo y reproductivo de las ya existentes, fundamentalmente con mejor alimentación y cuidados sanitarios. Es necesario sensibilizar a los agricultores sobre la importancia de la productividad y demostrarles que aumentar el número de vacas no es la única alternativa (ni la más importante) para incrementar la producción de leche y mejorar sus ingresos.  

c) Si una cerda tiene tres partos en dos años y logra destetar en ese período a apenas 15 lechones pudiendo tener cinco partos y destetar 35; y si éstos demoran 11 meses en llegar al peso de mercado en vez de hacerlo en seis meses, es evidente que se producirá desperdicio de animales de producción, tierra, instalaciones, mano de obra y, muy especialmente, del factor de mayor costo que es la alimentación, porque las hembras dejaron de producir 20 lechones y los 15 lechones destetados consumieron recursos por cinco meses adicionales, durante los cuales no produjeron o lo hicieron por debajo de sus potencialidades.  

Múltiples y reiteradas experiencias han demostrado que para mejorar la producción ganadera no necesariamente se requiere de grandes inversiones, ni de instalaciones muy sofisticadas, ni de animales de alto potencial genético, ni de trasplante de embriones, ni de polivitamínicos o suplementos de concentrados industrializados. Solamente se requiere mejorar la alimentación (con componentes producidos en el propio predio), la sanidad y la reproducción.  

11.7 ¿QUE HACER PARA EVITAR RIESGOS E INCERTIDUMBRES?

Las actividades agropecuarias están sujetas a riesgos tales como la incidencia de plagas y enfermedades y las adversidades climáticas y a incertidumbres sobre precios, comercialización, etc. Es necesario que los agricultores disminuyan las probabilidades de verse afectados por riesgos e incertidumbres porque muchos de ellos son fácilmente evitables o atenuables. Con tal propósito, podrían adoptar las siguientes medidas:  

1) Planificar con sus vecinos las actividades agropecuarias (rubros y superficies), con el fin de adecuar la oferta a la demanda y con ello evitar la superproducción y la caída de precios, o sea hacer la denominada "producción programada".  

2) Diversificar la producción para no depender de uno o de pocos rubros. Es fácil de entender que si los agricultores se dedican a pocos rubros (o a uno sólo), es más probable que una adversidad climática, la incidencia de una plaga o enfermedad, o un precio desfavorable los afecte más gravemente. A modo de ejemplos: si la insuficiencia de lluvias daña el maíz, quizás se salve el sorgo, que es más resistente al estrés hídrico; si una helada imprevista daña la papa, tal vez se salven las arvejas, las lentejas, la avena y la cebada; si alguna enfermedad destruye la papa, probablemente no afecte al camote o a la yuca; y si la fiebre porcina afecta a los cerdos, todas las demás especies se salvarán porque no son susceptibles a dicha enfermedad.  

El hecho de que no ocurra ninguna adversidad climática o sanitaria, no significa que los agricultores de monocultivo estarán a salvo, porque la producción será satisfactoria para la mayoría de ellos y los precios se reducirán; al año siguiente, entonces, pocos sembrarán el rubro afectado y los precios se elevarán; al tercer año, todos sembrarán el referido rubro y los precios se reducirán; y así ocurrirá sucesivamente. La diversificación de la producción agrícola y pecuaria es una alternativa realista para romper este círculo vicioso que impide a los agricultores aumentar sus ingresos; porque la diversidad espacial y temporal disminuye los riesgos y asegura la estabilidad. La diversificación de rubros agrícolas y su integración con los rubros pecuarios es el mejor antídoto contra los riesgos; ella es la "compañía de seguros" del agricultor.  

3) Escalonar las siembras o utilizar variedades con distintos ciclos vegetativos, para disminuir los riesgos climáticos, desestacionalizar la oferta y alargar el período de comercialización; al hacer esto último, podrán vender mayores cantidades y hacerlo a mejores precios.  

4) Producir rubros no perecederos que técnica y económicamente puedan tener postergada su venta, si en el momento de la cosecha las condiciones de mercado no son favorables.  

5) Producir rubros que puedan ser procesados o transformados en otro producto si el mercado así lo recomienda (por ejemplo, elaborar frutas secas o transformar maíz y soya en cerdo).  

6) Adoptar medidas contra una posible incidencia de plagas y enfermedades en los cultivos o contra enfermedades y parásitos de los animales. En las condiciones de los pequeños productores pecuarios de muchos países de la Región, la incidencia de fiebre aftosa, mastitis, parásitos gastrointestinales, garrapatas y dermatobiosis, es muy frecuente, y, como tal, debería recibir medidas permanentes de profilaxia, diagnóstico y control. De no hacerlo, los productores pecuarios tendrán grandes pérdidas, con la agravante de que algunas no son fácilmente perceptibles porque los animales no mueren. No obstante, se reducen la producción y la fertilidad y baja el índice de conversión alimentaria con lo que se desperdician raciones, aumentan los gastos sanitarios, se alarga el tiempo para llegar al peso de mercado, etc. Los productores deberían ser capacitados en medidas profilácticas y primeros auxilios veterinarios; para poder evitar importantes e innecesarias pérdidas en su ganadería.  

11.8 ¿QUE HACER CUANDO LOS INSUMOS AGRICOLAS SON MUY CAROS?

Si por falta de orientación, los agricultores cometen en sus actividades productivas algunas de las distorsiones mencionadas en este documento, requerirán crecientes cantidades de insumos, los que en gran parte se desperdiciarán, además de no producir los resultados deseados.  

Desafortunadamente, existe una fuerte presión por parte de los intereses comerciales, que utilizan eficaces y poderosos medios publicitarios para motivar a los agricultores a comprar y utilizar más insumos industrializados y otros componentes materiales que pueden se patentados y comercializados por las grandes empresas que los fabrican. Sin embargo, pocos son los esfuerzos en el sentido de capacitar a los agricultores para que adopten tecnologías alternativas que les permitan disminuir la dependencia del uso de insumos industrializados, o advertirlos sobre su correcta utilización, cuando sean realmente indispensables. Por razones de orden comercial, no se motiva a los agricultores para que usen las "tecnologías de proceso", porque éstas no son comercializables. Con tal desequilibrio de esfuerzos en pro del uso de las "tecnologías de producto", no es de sorprender que los agricultores utilicen insumos innecesarios, que los apliquen en exceso y, muchas veces, en forma equivocada.  

La diversificación mencionada en varios puntos de este capítulo permitiría que los propios agricultores produjeran en sus fincas algunos sucedáneos, los que reemplazarían con menores costos a los insumos industrializados. En realidad, es posible convertir sus predios en verdaderas "fábricas" de reemplazantes de insumos convencionales (abonos, forrajes, raciones, etc.). La dependencia de recursos externos (créditos, insumos, etc.) es inversamente proporcional a: i) la diversificación de la producción silvo-agropecuaria; ii) la adecuada complementariedad de sus componentes; iii) la eficiencia en el uso de los recursos productivos existentes en las propias fincas; y iv) la correcta aplicación de las tecnologías. Cuanto mayor sea la diversificación y la eficiencia, menor será la dependencia.  

El uso inadecuado y excesivo de insumos industrializados aumenta innecesariamente los costos unitarios de producción. Si, además de los problemas de uso equivocado o excesivo antes mencionados, los agricultores no están organizados para comprarlos en conjunto y no logran acortar las extensas cadenas de intermediación, es evidente que los precios de los insumos serán muy altos y los costos unitarios de producción se elevarán innecesariamente. Innecesariamente porque, tal como ya ha sido indicado, los pequeños agricultores tienen reales y efectivas posibilidades de disminuir o prescindir de varios factores caros y escasos.  

11.9 ¿COMO MEJORAR LOS PRECIOS DE VENTA?

La forma distorsionada en que los agricultores acceden a los factores de producción y las tecnologías inadecuadas que adoptan, determinan que sus costos unitarios de producción sean elevados. Esta situación provoca una necesidad aun mayor de mejorar la comercialización de sus excedentes, de modo de venderlos por mejores precios y de esta forma contrarrestar, al menos en parte, los elevados costos unitarios de producción.  

Desafortunadamente, por los motivos ya indicados, los agricultores venden sus escasos excedentes a precios innecesariamente bajos, y continuarán siendo bajos, a menos que los agricultores tomen las siguientes medidas:  

a) Que diversifiquen su producción agropecuaria y siembren sus cultivos anuales con variedades de distintos ciclos vegetativos (con maduración temprana y/o tardía) o lo hagan en forma escalonada, para evitar que toda la oferta de un único producto se concentre en una sola época (o en un período muy corto del año) en el cual todos los agricultores efectúan sus ventas y los precios se deprimen. Con idéntico propósito, los cultivos permanentes deberían tener variedades con distintas épocas de cosecha (diversificación varietal por maduración), sobre todo los perecibles, como por ejemplo los frutales.  

b) Que adopten medidas para aumentar la oferta en épocas de escasez, o de mayor demanda, como por ejemplo adecuar la producción de forraje y los partos de las vacas para tener una mayor producción de leche en épocas críticas; obtener cosechas de primor para anticipar la época de llegada al mercado; construir bodegas rústicas y de bajo costo para almacenar los excedentes en forma segura y poder venderlos en épocas de escasez; programar la producción de lechones para venderlos en las fiestas de fin de año, la de peces para Semana Santa, etc.  

c) Que realicen el procesamiento primario (aunque sea a nivel familiar o comunitario) de los excedentes, no sólo para incorporarles valor(46*) y evitar pérdidas, sino también para distribuir su consumo (por la familia y por los animales) y su venta a lo largo del año y hacerla a mejores precios. A veces los precios en la época de cosecha son tan bajos, que ni siquiera pagan el costo de recolectarlos; en tal circunstancia, su procesamiento para postergar la venta del excedente se presenta como una interesante y a veces única alternativa para salvarse del perjuicio económico.  

d) Que produzcan variedades que permitan un período más largo de almacenamiento (conservación) para obtener mejores precios fuera de la época de cosecha. Por ejemplo, la antigua variedad de cebolla "Valenciana Corriente" usada desde muchos años en Chile, puede ser reemplazada por "Valenciana Platina" y por "Valenciana Sintética 14". Estas pueden ser almacenadas en muy buen estado y con un mínimo de brotación hasta 240 días; en cambio la "Corriente" se pudre y brota en un 80 por ciento al final del mismo período. Todo esto en condiciones corrientes de almacenaje a nivel de pequeños agricultores [12]. La gran alza que generalmente ocurre en el precio de un producto perecedero como la cebolla, desde una cosecha y hasta la víspera de la próxima, puede mejorar significativamente los ingresos de los agricultores, por el simple hecho de sembrar una variedad apropiada al propósito antes mencionado. Una importante prolongación del período de conservación (que genera significativos aumentos en los precios de venta) puede ser lograda también con una mejor sanidad del cultivo y con adecuadas prácticas de poscosecha (que no necesariamente implican gastos adicionales de consideración).  

e) Que ofrezcan al mercado productos más sanos. Muchos consumidores están cada vez más dispuestos a pagar un sobreprecio por productos cuyos cultivos hayan sido regados con aguas no contaminadas y producidos sin utilización de agroquímicos.  

f) Que ofrezcan productos de mejor calidad. A modo de ejemplo, en el caso del café, el simple hecho de adoptar algunas tecnologías mejoradas de producción, cosechar apenas los frutos maduros e introducir mejores prácticas de manejo poscosecha, resultan en un importante incremento en la calidad del producto y consecuentemente en su precio de venta.  

g) Que disminuyan las innecesariamente extensas cadenas de intermediación.  

h) Que diversifiquen las opciones y los canales de comercialización, como por ejemplo: agricultores organizados pueden entregar canastos diversificados de alimentos (con periodicidad previamente establecida) directamente a consumidores también organizados; ganan más los productores y ahorran más los consumidores.  

Si no se capacita a los agricultores y no se estimula su organización para que adopten las medidas aquí indicadas, los procesos de comercialización seguirán distorsionados y los precios pagados a los agricultores seguirán siendo bajos e injustos, aunque el Estado establezca precios sostén, garantías de comercialización, construya centrales de abastecimiento e infraestructuras de acopio y distribución y conceda subvenciones. Estas medidas de alto costo tienen poca eficacia cuando previamente no se encara el binomio capacitación/organización de los agricultores. Al no hacerlo, dichas medidas acabarán beneficiando de hecho a los intermediarios (para confirmarlo basta con verificar quiénes son los que venden en los mercados agrícolas: generalmente no son agricultores, aunque aparentan serlo).  

11.10 ¿COMO MEJORAR LA RELACION INSUMO/PRODUCTO Y AUMENTAR LOS INGRESOS?

Los agricultores se quejan, y con razón, de que la relación insumo/producto en la actividad agropecuaria es cada vez más desfavorable; que ellos necesitan utilizar una mayor cantidad de insumos para producir la misma cantidad de producto; que los precios de los insumos aumentan mucho más que los precios de sus productos (porque existen demasiados eslabones en el circuito industrial y comercial, antes y después de la etapa de producción propiamente tal); y que ellos necesitan entregar más kilos de producto para comprar una misma cantidad de insumo. Como consecuencia de lo anterior, sus ingresos son insuficientes.  

Dentro de la tendencia neoliberal, quizás la única alternativa realista, sea lograr el aumento de sus ingresos como resultado de la oferta de un mayor y mejor excedente, de la reducción de los costos de producción y del aumento de los precios de venta. Al hacerlo, los agricultores ganarán más dinero por aumentar la cantidad del excedente (volumen de producción) y por mejorar la rentabilidad de cada kilogramo vendido.  

Para que esta alternativa sea eficaz, es necesario que los agricultores no se hagan cargo solamente de la etapa de producción propiamente tal, sino también de las etapas anteriores y posteriores al proceso productivo. Dicho de otra forma, es necesario que se encarguen de las actividades "tranqueras adentro" (producción) y "tranqueras afuera" (acceso a insumos, procesamiento y comercialización de las cosechas); sólo así se apropiarán de un porcentaje más alto y más justo del precio que los consumidores finales pagan por el producto agrícola. Si se hacen cargo sólo de las actividades "tranqueras adentro", los beneficios que éstas producen serán anulados por las actividades "tranqueras afuera". Si ellos se dedican solamente a la etapa de producción, las demás serán ejecutadas por los agentes intermediarios, quienes se apropiarán de los excedentes que podrían mejorar los ingresos de los productores agropecuarios.(47*)    

Para aumentar sus ganancias, es deseable que los agricultores reemplacen, hasta donde sea posible: el habitual y perjudicial procedimiento de comprar insumos industrializados, al por menor, con alto valor agregado (y consecuentemente a precios altos) y de vender sus productos al por mayor, en la época de cosecha, sin valor agregado (y consecuentemente a bajos precios); por un nuevo procedimiento a través del cual puedan producir en sus propias fincas y comunidades parte de los insumos (a bajos costos) y vender sus productos, al por menor, fuera de la época de cosecha, con algún valor agregado (a precios altos).  

En otras palabras, es necesario que los agricultores gasten menos en lo que compran y adicionalmente, ganen más en lo que venden; que gasten menos en las entradas y ganen más en las salidas; que compren menos y vendan más; que compren por menos y vendan por más; que los insumos que entran a la finca cuesten menos y los productos que salen valgan más; pero necesitan hacer los dos esfuerzos en forma simultánea, ya que hacer sólo uno de ellos no es suficiente.  

Para lograr una menor valoración de lo externo y una mayor valoración de lo interno es conveniente que las familias, los hogares, las fincas y las comunidades de los pequeños agricultores se vayan transformando paulatinamente en sus agroindustrias, las que deberán ser empleadoras de la mano de obra familiar excedente, productoras de insumos, procesadoras de alimentos e incorporadoras de valor agregado. Esto les permitirá por ejemplo: a) que en vez de comprar raciones balanceadas adquieran las semillas de sus componentes, produzcan estos ingredientes en sus predios y con ellos fabriquen las raciones domésticas (si no pueden producir dichos componentes deberían comprarlos al por mayor directamente de los productores en la época de cosecha para reducir sus precios); y b) que en vez de vender su soya y maíz en la época de cosecha, al por mayor (e in natura) los transformen en cerdo y éste en jamón y lo vendan ojalá al por menor, con un mínimo de intermediación.  

Al proponer que los agricultores se hagan cargo en forma eficiente de las tres etapas del negocio agrícola (antes, durante y después de la producción) no significa que no deban integrarse al mundo moderno de las cadenas agroindustriales y agroexportadoras; significa que deben integrarse sólo en aquellos eslabones que sean ventajosos y convenientes para los intereses de los agricultores (no de los industriales o exportadores); significa que deben eliminar o saltar aquellos eslabones que no les sean convenientes; significa que algunos eslabones deberían pertenecer a los agricultores y no necesariamente que ellos estén siempre dependientes y subordinados a eslabones pertenecientes a las grandes corporaciones que fabrican insumos y las que procesan sus cosechas. Al concluir, cabe formular una pregunta ¿por qué los precios que los agricultores reciben por sus productos primarios fluctúan (leche, frutas, cereales, cerdos, etc.) y los precios que los consumidores pagan por sus derivados (leche en polvo, frutas en almíbar, harinas y jamón) siempre suben y jamás bajan?  

¡Una reflexión final... Sí, se puede!

En este documento se ha tratado de demostrar que:  

- es posible promover el desarrollo agropecuario sin exclusiones y sin postergaciones, es decir, que se puede hacerlo en favor de todos los agricultores y en forma inmediata; y que  

- en los países de América Latina y el Caribe tenemos un inmenso contingente de recursos humanos deseosos de trabajar, superarse y progresar; tenemos la tierra (generalmente fértil y barata); tenemos muchas tecnologías reconocidamente eficaces; tenemos los recursos materiales; en muchas regiones tenemos las condiciones climáticas favorables (temperatura, luminosidad y pluviosidad) que nos permiten producir biomasa en forma permanente y obtener hasta tres cosechas de granos al año (la mayoría de los países desarrollados sólo puede obtener una cosecha anual); y, muy especialmente, tenemos la urgente necesidad de hacerlo.  

Lo que hace falta es llevar a la práctica una estrategia de desarrollo pragmática, aunque no sea la ideal, porque los agricultores no requieren de perfeccionismos inalcanzables, ellos necesitan urgentemente medidas que sean compatibles con las soluciones que realmente puedan adoptar (no con las que están fuera de su alcance).  

Pero es necesario hacerlo de inmediato, en las adversas condiciones de hoy, con los recursos que ahora tenemos, y no con los que, quizá, tengamos mañana, porque lo más probable es que mañana no tengamos condiciones más favorables ni recursos en mayor cantidad de los que tenemos en la actualidad. Además, es necesario hacerlo con urgencia, debido a que los actuales 59 millones de latinoamericanos desnutridos necesitan alimentarse hoy y no en el futuro.  

Con tantas potencialidades humanas, tecnológicas, geográficas y económicas no parece lógico seguir dedicando tiempo y esfuerzos en identificar debilidades y restricciones, buscar culpables, formular justificaciones y pedir que otros solucionen nuestros propios problemas; es necesario actuar y aprovechar las oportunidades y potencialidades existentes.  

¿Quiénes deben formular y ejecutar esta estrategia..?

Por las razones que se mencionan en las páginas 139 a 141 (Capítulo 12, comentario a la sexta inquietud), ahora más que antes el desarrollo agropecuario es un problema fundamentalmente (aunque no sólo) tecnológico y gerencial; consecuentemente, deberá ser resuelto bajo la orientación directa de los profesionales de ciencias agrarias, especialmente los que actúan en las instituciones de educación agrícola, investigación agropecuaria y extensión rural, porque la agricultura contemporánea requiere como absolutamente imprescindible disponer de buenas tecnologías, y buenos extensionistas, los que a su vez exigen que las facultades formen excelentes profesionales. Sin embargo, debido a la magnitud del desafío, no es suficiente contar con el apoyo de los ejecutivos de las tres instituciones recién mencionadas.  

Es necesario el compromiso y la participación de todos los investigadores, docentes y extensionistas, porque:  

- Es importante que los directores de los organismos de investigación tomen la decisión de generar tecnologías que respondan a las circunstancias reales (no ideales o artificiales) de todos los estratos de agricultores de cada país; pero es imprescindible que cada uno de los investigadores haga de inmediato el aporte personal que esté dentro de sus posibilidades, en vez de seguir esperando decisiones superiores o recursos externos.  

- Es importante que los decanos de las facultades de ciencias agrarias tomen la decisión de formar profesionales más creativos, innovadores, comprometidos, pragmáticos, realistas y prácticos, pero es imprescindible que cada uno (sin excepción) de los docentes de cada facultad adapten los contenidos de sus asignaturas para que sean más relevantes al ejercicio profesional y más adecuados a las necesidades y posibilidades de la mayoría de los agricultores. Nunca será demasiado reiterar: el mayor potencial de cambio y con mayor efecto irradiador hacia el interior de todos los servicios agrícolas, está en las facultades de ciencias agrarias.  

- Es importante que los directores de los servicios de extensión rural tomen la decisión de agilizar operativamente sus instituciones y de adecuar los contenidos difundidos y los métodos empleados; pero es imprescindible que lo hagan también todos y cada uno de los extensionistas (sin excepción) y, muy especialmente, los agentes locales de extensión.  

En fin, este desafío no es tarea sólo para los ejecutivos, lo es también, y muy especialmente, para los ejecutores. Muchos de los cambios propuestos en este documento pueden ser adoptados por los ejecutores sin depender de las decisiones de los ejecutivos; pero las decisiones de los ejecutivos de poco servirán si no cuentan con la acción comprometida de todos los ejecutores que integran la planta de cada institución. Los cambios deberán venir de abajo hacia arriba, de adentro hacia afuera, y no tanto (o no sólo) de arriba hacia abajo y de afuera hacia adentro.  

Los investigadores, los docentes y los extensionistas han hecho muchísimo en pro de la agricultura comercial y de exportación, y es necesario que sigan haciéndolo, porque la apertura de los mercados exige el aporte eficiente de los grandes agricultores. Sin embargo, ahora es fundamental que hagan otro esfuerzo, aun más significativo, en pro de los pequeños y medianos agricultores. Lograrán hacerlo en la medida en que tengan el compromiso social y la humildad profesional de "hacer lo posible, cuando no puedan hacer lo deseable", y que además sigan la sabia enseñanza del emperador romano Marco Aurelio: "Ruego a Dios que no me haga cambiar aquello que no se puede cambiar, que tenga el coraje de cambiar lo que debe ser cambiado y que tenga la sabiduría para distinguir lo que se puede cambiar de aquello que no puede ser cambiado".  

Afortunadamente, es muchísimo lo que los propios profesionales de base (no necesariamente los ejecutivos) pueden cambiar. Es necesario, por lo tanto, que lo hagan, que lo hagan todos(48*), que lo hagan todo, que lo hagan bien hecho y que lo hagan ya, porque tarde o temprano tendrán que hacerlo y el futuro ofrecerá mayores oportunidades profesionales para los rápidos que para los lentos: tendrán éxito los que lo hagan primero. Es necesario salir del plano de los conceptos y pasar al plano de las realizaciones concretas, porque minuto que pasa es oportunidad que se pierde, y ésta muchas veces ya no puede recuperarse.  


 

40. Si la tierra es un factor limitante deberá priorizarse la crianza de animales menores (aves, peces, ovejas, cabras, abejas, cerdos, conejos, cuyes, etc.) y obtener de ellos altos rendimientos productivos y reproductivos; la escasez de tierra será así inversamente proporcional a los referidos rendimientos.  

41. Esta distorsión significa que luego de hacer (el Estado) un gran esfuerzo para conceder el crédito a un agricultor, se desperdicia la potencialidad y la oportunidad de introducir innovaciones tecnológicas, con lo que se pierde en gran parte su razón de ser y los principales motivos para que el Estado lo conceda a los agricultores.  

42. Cuando el crédito fue abundante y subsidiado, más bien actuó como un "desestimulador" de la eficiencia y un estimulador del consumismo tecnológico y del sobredimensionamiento de las inversiones. El Estado no tiene capacidad financiera para sostener en el tiempo Los mecanismos artificiales compensadores de las ineficiencias del negocio agrícola.  

43. Un estudio realizado en Brasil indica que el monto de crédito rural oficial disminuyó de 20.830 millones de dólares EE.UU. en 1980 a 8.590 millones en 1993; y que e esos 13 años la produción agropecuária aumentó en 44,6%, a pesar de que en el mismo período la superfície cultivada bajó del indice 100 al 88,7, es decir aumentó la producción vía incremento de la productividad, a pesar de la reducción del monto de crédito que el gobierno concedió a los agricultores  

44. Adicionalmente, esta alternativa tiene un extraordinario efecto educativo y motivador, a través del cual el propio agricultor se dará cuenta que si él fue capaz de cultivar con racionalidad y eficiencia una superficie de 100 metros cuadrados por qué no será capaz de hacerlo en una superficie de 1000 ó de 10.000 metros cuadrados o de hacerlo en toda la extensión del cultivo. Si fue capaz de hacerlo con el maíz, ¿por qué no podrá hacerlo con el frijol, la soya o con el maní?  

45. Es frecuente que agricultores mal orientados compren fórmulas compuestas de fertilizantes que contienen N, P y K, en circunstancias en que el cultivo anterior fue una leguminosa inoculada y, en consecuencia, el suelo probablemente requiere menos nitrógeno; o que el bosque fue recientemente cortado y quemado y, en esas condiciones, el suelo posiblemente tiene suficiente potasio.  

46. Por ejemplo, vender el frijol limpio, seleccionado y fraccionado en pequeñas bolsas de polietileno, directamente a los consumidores, proporcionará un ingreso incomparablemente superior que vender dicho producto al por mayor, al primer intermediario que aparece en la finca, sin limpiarlo, sin clasificarlo y sin fraccionarlo.  

47. Según datos de 1990 de la Asociación Brasileña de Industrias de Alimentos, apenas el 28% del ingreso total del negocio agrícola o complejo rural es generado dentro del predio y 72% fuera de él, siendo 8% anterior al proceso productivo propiamente tal y 64% después de la cosecha.  

48. Que lo hagan todos, porque nadie deberá siquiera correr el riesgo de omitirse, ya sea consciente o inconscientemente, porque "la omisión es el pecado que con más facilidad se comete y con más dificultad se constata; y lo que fácilmente se comete y difícilmente se constata, raramente se corrige. La omisión es el pecado que se hace no haciendo". Sermao da Primeira Dominga do Advento (1.650 Padre Vieira). Próxima Página - Capítulo 12