El Verdadero Libro de Los Pobres Rurales

Desarrollo agropecuario: de la dependencia al protagonismo del agricultor.


2. EQUIDAD Y RENTABILIDAD: ¿CON MÁS RECURSOS O CON MEJORES CONOCIMIENTOS?


La profunda contradicción entre: a) tener la urgente necesidad de que todos los agricultores se modernicen; y b) no disponer en el presente (ni probablemente en el futuro previsible) de los recursos para hacerlo por la vía convencional, nos conduce a la obvia necesidad de dotar a los agricultores de conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes para que ellos mismos quieran, sepan y puedan protagonizar la solución de sus propios problemas, a través de un modelo:

- más endógeno, en el sentido de que esté basado en el desarrollo de los recursos que los agricultores realmente poseen (mano de obra, algo de tierra y algunos animales) y no de aquellos que desearíamos que poseyesen;

- más autogestionario en el sentido de que los propios agricultores puedan solucionar sus problemas; aun cuando no cuenten con decisiones favorables ni con servicios eficientes del Estado;

- más autogenerado, de modo que parte de los recursos financieros necesarios para adquirir los insumos modernos, puedan ser generados en las propias fincas; y por sobre todo

- mucho más eficiente, en el sentido que que los recursos, propios o adquiridos, produzcan en la plenitud de sus potencialidades,(5*) porque tal como lo demuestra este documento, los bajísimos rendimientos de la agricultura latinoamericana son consecuencia, en gran parte, del mal uso de los recursos disponibles y de la aplicación en forma equivocada de tecnologías que son inadecuadas a dichos recursos.

En este modelo más endógeno y más autogestionario la equidad, la rentabilidad y la competitividad de los agricultores tendrán que pasar obligatoria e inexorablemente por:

1. una fuerte introducción de "insumos intelectuales" para que los agricultores sean mucho más eficientes en lo productivo, gerencial y comercial (tranqueras adentro y afuera);

2. la correcta adopción de tecnologías que sean ahorradoras de factores escasos y ocupadoras de los abundantes;

3. la mayor productividad del hombre y de la tierra, como forma de contrarrestar la insuficiencia de recursos productivos y de "producir más y mejor con menos recursos";

4. la eficiente administración de los predios para usar íntegra y racionalmente los recursos disponibles y eliminar eventuales ociosidades y sobre-dimensionamientos (estos dos últimos pueden ser disminuidos a medida que aumenta la productividad y el rendimiento de los factores de producción);

5. la disminución en el costo y en la cantidad de los insumos, especialmente de los externos al predio;

6. la reducción en los costos unitarios de producción y por el mejoramiento de la calidad de los excedentes (como consecuencia natural de la correcta adopción de las 5 medidas anteriores);

7. la disminución de las pérdidas durante y posteriores a la cosecha;

8. el procesamiento primario de las cosechas, aunque sea en pequeñas agroindustrias familiares y comunitarias, con el fin de incorporarles valor y de conservarlas para poder diferir su venta para épocas de mejores precios;

9. la reducción de los eslabones de las cadenas de intermediación (de insumos y productos) con el propósito de disminuir el costo de los insumos e incrementar el precio de los excedentes.

Ante la eliminación de los subsidios, serán rentables aquellos agricultores que adopten en forma integral y correcta estas nueve medidas, porque sólo a través de ellas podrán reducir al mínimo la cantidad y el costo de las entradas y simultáneamente incrementar al máximo la cantidad, la calidad y el precio de venta de las salidas. Fuera de este camino, difícil pero realista, parece que en las actuales circunstancias no existe otra alternativa para volver a todos ellos económicamente viables.

Por las razones hasta aquí analizadas, este conjunto de indispensables cambios ya no podrá ser tan fuertemente dependiente de las ineficaces e inaccesibles medidas que tradicionalmente los agricultores solicitan a los gobiernos (créditos abundantes con plazos más largos e intereses más bajos; más subsidios; más condonaciones y refinanciamientos de deudas;mayores aranceles de importación; proteccionismos y tasas compensatorias; mejor tipo de cambio frente al dolar; etc.). Aunque estas medidas sean deseables, desgraciadamente es cada vez más improbable que los gobiernos las adopten.

Por tal motivo, los agricultores tendrán que cambiar su pauta de reivindicaciones y exigir que los gobiernos les proporcionen el conocimiento, porque éste es el factor de desarrollo más importantes en el mundo moderno; entre otras razones porque:

- en muchos casos, es suficiente para solucionar los problemas más inmediatos de los agricultores; y

- especialmente, porque es el único que tiene el gran mérito de volverlos menos dependientes de lo que no tienen (capital) y de lo que los gobiernos no les proporcionan y probablemente nos les proporcionarán (créditos, subsidios etc.). En sus reivindicaciones los líderes gremiales deberán poner menos énfasis en solicitar aquellos factores que contribuyen a perennizar su dependencia de decisiones, servicios y recursos externos; y poner mucho más énfasis en exigir los conocimientos, porque éstos son los únicos que les permitirán emanciparse de las dependencias externas. El factor conocimiento (tecnologías apropiadas, capacitación etc.) les daría las condiciones para que aplicasen íntegra y correctamente las nueve medidas recién mencionadas y al hacerlo lograran ser más eficientes, más autosuficientes, más autodependientes y más autogestionarios en la solución de sus propios problemas; y, consecuentemente, mucho menos dependientes de subsidios, créditos y otras decisiones y servicios del Estado. La comparación entre los dibujos N° 4 y N° 8 confirma esta aseveración.

La agricultura de los tiempos modernos ya no puede estar sometida a improvisaciones de emergencia; la corrección de sus ineficiencias y distorsiones ya no puede seguir esperando los cada vez más improbables artificialismos efímeros que dependen de recursos que los agricultores no poseen y de servicios estatales a los cuales ellos no tienen acceso.

La agricultura es una actividad económica y como tal sólo podrá sostenerse si es rentable y para que esto sea posible deberá ser encarada con visión empresarial. La forma profesional y empresarial de hacer agricultura requiere que los agricultores tengan mejores conocimientos, habilidades, aptitudes y destrezas, porque éstas les proporcionarán la autosuficiencia técnica y especialmente la autoconfianza anímica para que ellos mismos puedan asumir el protagonismo en la solución de sus propios problemas.

Es necesario proporcionarles los conocimientos para que puedan y sepan solucionar sus propios problemas, en forma más endógena y autogestionaria, por las siguientes razones:

1. Las distorsiones productivas, gerenciales y comerciales ilustradas en el dibujo N° 4, cuyas soluciones no necesariamente dependen de decisiones externas ni de recursos adicionales, causan muchísimo más daño económico a los agricultores que la falta de leyes, de decisiones políticas, de créditos, de subsidios y de proteccionismos; además la corrección de las referidas distorsiones está o debería estar al alcance de los propios agricultores; mientras que las decisiones y los recursos externos no están al alcance de ellos. Lo anterior sugiere que es más fructífero y pragmático enfatizar los factores manejables por los agricultores, que los no manejables.

2. Los Gobiernos de los endeudados países de América Latina y el Caribe no disponen de los recursos en la cantidad suficiente para:

a) hacer frente a los subsidios que los pocos países desarrollados conceden a sus agricultores;(*6)

b) fabricar o importar los insumos y maquinarias, en cantidad suficiente para proporcionarlos a la totalidad de los agricultores;

c) financiar las costosas obras de infraestructura (riego, drenaje, almacenaje, etc.)

d) otorgar a todos los agricultores el crédito que sería necesario para financiar los insumos y las maquinarias y costear las políticas oficiales de garantías de precios y comercialización.

Es por esta razón de fondo que las buenas intenciones de quienes proponen modernizar la agricultura especialmente a través de aportes exógenos siguen permaneciendo como buenas intenciones, porque no existen recursos ni agilidad institucional para llevarlas a la práctica. De poco sirve adoptar buenas decisiones políticas si no existen abudantes recursos financieros para transformar las intenciones en realidades. ¿De dónde obtener los recursos para llegar a la equidad (ofrecer los factores exógenos al 100% de los agricultores), si en la actualidad ni siquiera el 10% tiene acceso a ellos?

3. Los factores externos por los cuales los agricultores han esperado durante las últimas décadas, aunque siempre deseados y a veces deseables, y aunque facilitadores y aceleradores de innovaciones tecnológicas, no siempre son tan imprescindibles ni tan eficaces como piensan quienes no conocen otras alternativas de tecnificación. Innumerables experiencias han demostrado que, aun cuando ellos no están disponibles, es perfectamente posible empezar (7*) a modernizar la agricultura y, después que ello ocurra, es posible generar en las propias fincas parte de los recursos que son necesarios para adquirir aquellos insumos externos requeridos en las etapas subsecuentes de modernización; con la única condición de que se les proporcionen las tecnologías y la capacitación para que los productores puedan hacerlo, con lo que tienen.

Trabajos de investigación agropecuaria y numerosas experiencias de terreno han demostrado fehacientemente que para mejorar su producción y productividad, los pequeños agricultores no necesariamente requieren adoptar, desde el principio, las llamadas "tecnologías de producto", las que para ser aplicadas dependen de fertilizantes sintéticos, plaguicidas y equipos caros y escasos. Dichas investigaciones y experiencias muestran que la gran mayoría de los agricultores requieren en primer lugar, de las llamadas "tecnologías de proceso o deconocimiento" que están incorporadas en el dibujo N° 6, como por ejemplo: rotación de cultivos, diversificación, ejecución de labores en forma correcta y en el momento adecuado, densidad ideal de siembra, eliminación oportuna de las malezas mediante mano de obra familiar o animales de tiro, reducción de las pérdidas poscosecha, manejo adecuado de los animales, etc.

Estas tecnologías de proceso tienen la ventaja de que para ser aplicadas no requieren de créditos ni de insumos de alto costo y, consecuentemente, podrían estar al alcance de los agricultores de escasos recursos: apenas requieren de conocimientos. Al cometer la crónica equivocación de priorizar el uso de las "tecnologías de producto", sin haber adoptado previamente las "tecnologías de proceso", los insumos externos, caros y escasos, se desperdician, no producen los resultados que potencialmente podrían y deberían producir;(8*) y por fin frustran los esfuerzos que gobiernos y agricultores hacen para modernizar la agricultura.

Muchos proyectos de modernización de la agricultura han fracasado porque:

a) se ha sobreestimado la importancia y eficacia de los factores externos a los predios y comunidades rurales, y se ha subestimado la importancia de capacitar a los agricultores para que pudieran desarrollarse con menor dependencia de los factores exógenos;

b) se ha sugerido a los agricultores que se desarrollaran a través de un modelo no viable, porque dependiente de recursos siempre insuficientes, generalmente inexistentes y muchas veces innecesarios;

c) se les ha pedido que hicieran lo que no podían y con recursos que no poseían, en vez de pedirles que hicieran lo que podían con los medios que poseían;

d) se ha esperado que el Estado solucionara los problemas de los agricultores, en vez de proporcionarles los conocimientos para que ellos mismos pudieran hacerlo;

e) se ha ignorado el hecho de que las mejores decisiones políticas de poco servirían si al interior de las fincas y comunidades no existiese eficiencia tecnológica y racionalidad gerencial; y

f) finalmente se ha querido corregir con subsidios y otros artificialismos efímeros y excluyentes las ineficiencias de los distintos eslabones de la cadena agroalimentaria, en vez de ofrecer conocimientos a los agricultores para que ellos redujeran sus costos de producción e incrementaran sus precios de venta y, a través de estas dos medidas realistas, lograran ser menos dependientes de los inaccesibles e insuficientes subsidios.

Estos y muchos otros errores cometidos en las últimas décadas están señalando que la solución de los principales problemas de los agricultores no necesariamente depende de decisiones políticas y no siempre depende del aporte de recursos adicionales, sino que en gran parte depende de que los agricultores tengan los conocimientos para saber adoptar en forma correcta medidas tecnológicas y gerenciales que sean compatibles con los recursos que poseen.

Cuando el éxito de la agricultura dependía fuertemente de los factores exógenos antes mencionados y cuando en los organismos(9*) en los cuales se decidían los créditos y los subsidios,realmente existían recursos para concederlos, era lógico que las decisiones fueran de tipo político, adoptadas en la capital del país y formuladas por los profesionales urbanos que allí se desempeñaban. Pero ahora que el éxito de la agricultura depende de la eficiencia tecnológica y gerencial, las decisiones deberán ser de tipo técnico, adoptadas en las fincas y comunidades rurales y, consecuentemente, formuladas y ejecutadas por profesionales agrarios que, al dominar los temas de tecnologías agropecuarias y de gestión predial, tengan la autosuficiencia técnica y la autoconfianza anímica para lograr que los agricultores adopten en forma correcta las 9 medidas indicadas en la página 8 de este documento; porque son estas medidas elementales las que tienen el mérito de ser factibles de ser adoptadas por todos los agricultores y de ser eficaces en la solución de los problemas cotidianos de la gran mayoría de ellos.

En el próximo Capítulo se hará un diagnóstico, sin eufemismos, de:

- cuáles son los problemas reales (no aparentes) de la gran mayoría de los agricultores de América Latina;

- cuáles son las causas eliminables que originan dichos problemas;

- cuáles son los problemas solucionables;

- cuáles son las necesidades más inmediatas (no los deseos) de esos agricultores para que ellos puedan solucionar sus propios problemas.

Hemos subrayado intencionalmente algunos vocablos de este último párrafo con el propósito de indicar que muchos proyectos de modernización de la agricultura han fracasado por intentar solucionar los problemas aparentes en vez de resolver los reales; remover causas no eliminables en vez de las eliminables; resolver problemas no solucionables en vez de resolver los solucionables y satisfacer a los agricultores en lo que ellos solicitaban en vez de proporcionarles lo que necesitaban.


5. La necesidad de contar con recursos externos es inversamente proporcional a la eficiencia y racionalidad con que el

6. Sólo en 1992, dichos países les concedieron subsidios por el monto de 356.000 millones de dólares

7. La comparación entre los dibujos N° 2 y N°6 confirma esta aseveración.

8. El hecho de hacer una agricultura de monocultivo, más química que biológica, sin diversificación ni rotación de cultivos, está exigiendo la incorporación de crecientes cantidades de fertilizantes sintéticos y pesticidas, con el inconveniente de que éstos son cada vez menos eficaces y eficientes. Por lo anterior, la relación insumo/producto es cada vez más desfavorable para el agricultor, ya que se ve obligado a adquirir una mayor cantidad de insumo para obtener la misma cantidad de producto cosechado y debe entregar una mayor cantidad de producto para adquirir la misma cantidad de insumo.

9. En el Congreso Nacional, Ministerio de Hacienda, Banco Central, etc.

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