4. ESTRATEGIA PARA UN DESARROLLO MÁS ENDÓGENO Y AUTOGESTIONARIO

Existen múltiples propuestas para lograr que los agricultores se vuelvan rentables y competitivos. Sin embargo, ninguna de ellas será eficaz mientras sigan vigentes la realidad ilustrada en el dibujo N° 4 y los bajísimos rendimientos e ingresos que ella genera13; mientras ellos persistan, de poco servirán los artificios o artificialismos efímeros, como subsidios o proteccionismos. Es por esta razón de fondo que la única vía realista para lograr la rentabilidad y la competitividad es a través de la introducción de innovaciones tecnológicas y gerenciales, para que los agricultores se vuelvan más eficientes y eleven su propia productividad y los rendimientos de los escasos recursos que poseen (si son escasos con mayor razón es necesario que sean más productivos).   

La abrupta retirada de los subsidios (que antaño aseguraban en forma artificial la rentabilidad, aun cuando la agricultura fuese ineficiente) y la necesidad de enfrentar con éxito los cada vez más abiertos y competitivos mercados internacionales, exigen que los agricultores se vuelvan mucho más eficientes. Sólo a través de la eficiencia podrán obtener excedentes de mejor calidad y producir más cantidad de producto, no sólo por unidad de mano de obra, de tierra y de animal, sino también por unidad de crédito, tractor, insumo, energía y asimismo por unidad de tiempo. En la medida en que cada uno de estos factores rinda más, los agricultores necesitarán disponer de una menor cantidad de ellos y consecuentemente gastarán menos en inversiones y se volverán menos dependientes del crédito.  

Todo lo anterior contribuirá a que reduzcan costos y se vuelvan más competitivos disminuyendo, en vez de aumentar, sus requerimientos de capital y de subsidios. Fuera de esta alternativa, será difícil encontrar soluciones para una agricultura que ya no recibe subsidios y que además tiene que competir con la agricultura subsidiada del mundo desarrollado; a partir de ahora, sólo podrá ser rentable y competitiva la agricultura que sea eficiente para incrementar la productividad y los rendimientos de todos los factores de producción.   

Si los gobiernos no pueden proporcionar a todos sus agricultores las decisiones favorables, los servicios eficientes y los recursos abundantes para que puedan modernizarse por la vía clásica, deberán ofrecerles como mínimo los tres componentes que se analizan a continuación:  

1) Generación de tecnologías apropiadas

Sin perjuicio de que la investigación agropecuaria siga generando tecnologías de avanzada14 para una agricultura empresarial muy moderna que tiene el imperativo de competir en los mercados internacionales, es necesario que ella haga un esfuerzo similar en pro de los pequeños agricultores. Para éstos, las tecnologías deben ser adecuadas a la adversidad físicoproductiva, 15 y a la escasez de insumos y recursos de capital, porque son estas circunstancias las que caracterizan al 78 por ciento de los agricultores de esta Región. Ellos necesitan de tecnologías menos riesgosas, menos exigentes en insumos, energía y capital, más intensivas en mano de obra y que reemplacen, hasta donde sea posible, capital (factor más escaso) por trabajo (factor más abundante); que sean de bajo costo, fácil aplicación y menor dependencia de insumos externos;16 que enfaticen aquellos factores (semillas por ejemplo) que con muy bajos costos producen gran impacto en los rendimientos; que prioricen aquellos factores que aun siendo de bajo costo (inoculantes) permitan a los agricultores volverse menos dependientes de aquellos que son de alto costo (fertilizantes nitrogenados sintéticos); que prioricen la eliminación de las causas por sobre la corrección de las consecuencias; que utilicen equipos más sencillos y de menor porte para que sean adaptados a la escala de producción de los pequeños agricultores; y finalmente que sean visiblemente ventajosas y eficaces en la solución de los problemas productivos (y también económicos) de los agricultores.   

Al disponer de tecnologías con tales características, todos los agricultores tendrían reales oportunidades de empezar a tecnificar sus explotaciones, aumentar su producción e incrementar sus ingresos, aun dentro de la adversidad y de la escasez antes mencionadas. Con estos ingresos adicionales (y no necesariamente con el crédito oficial) podrían adquirir aquellos factores externos que son realmente necesarios para alcanzar nuevos niveles tecnológicos (vacunas, antiparasitarios, fertilizantes, etc.).   

Además de la tradicional investigación por rubros y disciplinas, se debería investigar en sistemas integrados y diversificados de producción agrícola, forestal y ganadera; éstos, al ser autosustentables y menos riesgosos, son más adecuados a las circunstancias de los pequeños agricultores. La investigación debería generar innovaciones tecnológicas que se adapten a las circunstancias normalmente adversas de los agricultores y de su medio físico, en vez de exigir que sean el hombre y el medio físico los que se adapten artificialmente a ellas. En fin, la investigación debería generar tecnologías que permitan a los agricultores hacer la transformación de la deprimente realidad productiva del dibujo N° 2 a la floreciente prosperidad del dibujo Nº 6, y que les permitan hacerlo con minimización de dependencias, costos y riesgos. Además, dicha transformación debería ser lograda fundamentalmente a base del uso de los recursos que ellos realmente poseen en sus predios y, consecuentemente, con menor dependencia de los generalmente inaccesibles factores indicados en la parte inferior del dibujo Nº 9.  Si la investigación no genera las tecnologías con las características antes mencionadas, sencillamente los pequeños agricultores no podrán tecnificar sus explotaciones, aumentar sus rendimientos, reducir sus costos, elevar sus ingresos ni romper el círculo vicioso del subdesarrollo. Pero de poco servirá disponer de tecnologías adecuadas si no se adopta la medida decisiva que se propone a continuación.  

2) Capacitación de todos los miembros de las familias rurales

La premisa básica de este documento es que sólo los propios agricultores pueden promover su desarrollo; otros agentes o factores, apenas pueden contribuir a que ellos lo hagan. Sin embargo, debido a su insuficiente capacitación, en la actualidadellos no están en condiciones de hacerlo. La conclusión lógica es que no habrá desarrollo, a menos que se forme y capacite a las familias rurales, para que ellas quieran (estén motivadas), sepan y puedan solucionar sus propios problemas. Cualquier proyecto que no priorice el desarrollo de las capacidades de los agricultores, estará condenado al fracaso, como de hecho han fracasado, por este mismo motivo, muchos proyectos de alto costo en la Región.    

El énfasis que se atribuye al recurso humano como el más importante factor dedesarrollo y a la necesidad de capacitarlo, se debe a la siguiente justificación: es el recurso más abundante, el que cuesta menos (tiene menor costo de oportunidad) y el que ofrece el mayor potencial de crecimiento y desarrollo. Los otros factores además de escasos y caros tienen un límite de crecimiento, a partir del cual se vuelven inocuos o hasta perjudiciales, como por ejemplo el exceso de laboreo del suelo o la aplicación exagerada de fertilizantes y pesticidas. Por lo tanto, es imprescindible capacitar a todos los miembros de las familias rurales, con los siguientes propósitos: 

a) Desarrollar y liberar su inmenso potencial latente.  

b) Ampliar sus conocimientos, habilidades y destrezas con el fin de que estén en efectivas condiciones de introducir innovaciones tecnológicas, gerenciales y organizativas, en todos los eslabones de la cadena agroalimentaria. La ampliación de estos conocimientos, habilidades y destrezas debe tener el doble propósito de acelerar el ritmo en la adopción de tecnologías y elevar el grado de corrección y de eficiencia en la aplicación de las mismas.  

c) Volverlos más capaces de transformar realidades adversas y de protagonizar la solución de sus propios problemas, con menor dependencia de ayuda externa; poner en marcha las fuerzas y potencialidades productivas y de desarrollo de las familias, fincas y comunidades rurales. La capacitación es el factor externo que tiene el gran mérito de liberar al agricultor de la dependencia de otros factores externos; y en esto reside su extraordinaria importancia estratégica, máxime cuando los factores externos reconocidamente son escasos, insuficientes e inaccesibles.  

d) Elevar la productividad de la mano de obra familiar (hombres, mujeres y jóvenes). Esta es la manera más inteligente de contrarrestar la escasez de recursos, inclusive de mano de obra; su productividad aumentará en la medida en que todos los integrantes de la familia rural tengan los conocimientos que son necesarios para incrementar los rendimientos de todos los demás factores de producción. En algunas zonas rurales ya se empieza a sentir claramente también la escasez de mano de obra. En tales circunstancias, y a modo de ejemplo, si no existe mano de obra suficiente para producir 4.000 kg de maíz en dos hectáreas, el camino más lógico es cosechar esta misma cantidad en una hectárea; si no existe mano de obra ni otros recursos para mantener 10 vacas que producen 5 litros cada una es preferible tener 5 animales que produzcan los mismos 50 litros totales. ¿Para qué hacer un gran esfuerzo y gastar muchos recursos para cultivar 2 hectáreas y ordeñar 10 vacas si se pueden obtener los mismos resultados sembrando 1 hectárea y ordeñando 5 vacas?  

e) Como consecuencia de los 4 propósitos recién analizados, lograr que las familias rurales cambien de actitudes y valores, se vuelvan más autoconfiantes, abandonen su actitud de determinismo fatalista y reemplacen la pasividad y el conformismo por el protagonismo, al percatarse que ellas mismas son capaces de solucionar sus propios problemas.  

A propósito, la comparación de los dibujos Nº 2 y N° 6 confirma las impresionantes transformaciones productivas que pueden lograrse con el solo aporte de la capacitación para: la  adecuada y oportuna ejecución de las actividades agropecuarias; la correcta introducción de tecnologías apropiadas (de bajo o cero costo); y el mejor aprovechamiento y manejo de los recursos que ya existían en el dibujo Nº 2. Los recursos productivos de ambos dibujos son prácticamente los mismos, la misma tierra y agua, la misma mano de obra, los mismos dos caballos, las mismas dos vacas, el mismo arado, etc. La diferencia reside en el hecho crucial y decisivo de que en el dibujo Nº 6, gracias a la capacitación para la correcta introducción de innovaciones tecnológicas y gerenciales adecuadas, todos los recursos producen en la plenitud de sus potencialidades: tierra, mano de obra, vacas, caballos, etc, en el tiempo y en el espacio.  

Como puede verse, para obtener estos extraordinarios resultados no se requiere de sofisticaciones tecnológicas, ni del aporte de recursos materiales adicionales, ni de decisiones políticas de alto nivel. Lo que fundamentalmente se requiere es invertir en el desarrollo del más abundante e importante de todos los recursos existentes en el predio: los miembros de la familia rural. Sin embargo, cuando los recursos materiales externos son accesibles, también la capacitación juega un rol muy importante, ya que permite utilizarlos en forma más parsimoniosa y los vuelve mucho más eficaces (ejemplo: alimentar a las vacas con concentrado después de haber mejorado el manejo de las praderas).  

En resumen, la capacitación es absolutamente indispensable, ya sea para quienes acceden o para quienes no acceden a los factores externos al predio; en el primer caso, ella vuelve estos insumos más eficaces y en el segundo, los vuelve más prescindibles. Sin embargo, esta capacitación deberá ser ejecutada por capacitadores que tengan un profundo y vivencial conocimiento de los problemas y necesidades reales de los agricultores; y, muy especialmente, que tengan capacidad técnica y pedagógica para enseñarles lo que les sea realmente útil y aplicable en la solución de sus problemas concretos y cotidianos. Muchos programas de capacitación han fracasado porque fueron ejecutados por profesionales teóricos y urbanos, que al no conocer las reales necesidades de los agricultores les enseñaron teorías y abstracciones sin ninguna relevancia ni utilidad práctica para solucionar los problemas que enfrentan. La poca disponibilidad de estos capacitadores prácticos, objetivos, realistas, pragmáticos, experimentados y técnicamente capaces de solucionar los problemas tecnológicos, gerenciales y comerciales de los productores, es: a) el mayor obstáculo real (generalmente no reconocido o subestimado) que los países de esta Región enfrentan para promover el desarrollo rural; y b) la principal causa de los fracasos de los proyectos destinados a modernizar la agricultura.    

3) Organización de los agricultores 

Aunque imprescindible, no es suficiente que los agricultores dispongan de tecnologías y que reciban capacitación para producir con eficiencia técnica y gerencial, al interior de sus predios individuales. Ellos también tienen problemas externos a sus fincas y necesitan de mejores mecanismos para adquirir insumos y comercializar sus excedentes en forma más eficiente y más ventajosa; además tienen problemas internos que no pueden ser resueltos en forma individual y por lo tanto exigen decisiones e inversiones de tipo grupal o comunitario. Por estas razones y ante la debilidad e ineficiencia de los servicios de los gobiernos, es necesario que los agricultores se organicen para establecer sus propios mecanismos de recepción (desde afuera) y prestación (hacia adentro) de servicios; éstos les permitirán disminuir gradualmente su dependencia de los servicios externos (del Estado y de las empresas privadas) y actuar en conjunto para que ellos mismos puedan solucionar los siguientes problemas que constituyen importantes causales de sus bajos ingresos:   

a) Adquisición de insumos a precios más bajos.  

b) Posibilidad de inversiones en conjunto, reducción de sus costos y uso en común de aquellos bienes que no justifiquen su posesión o realización en forma individual, tales como algunas maquinarias y sementales, electrificación, riego, centros de acopio y almacenaje, etc.; de esta forma los pequeños productores también podrán lograr economía de escala y, si es necesario, acceder a inversiones de mayor costo para poder competir con los agricultores comerciales. Existen ciertos equipos que, aunque necesarios, son de alto costo y utilizables apenas esporádicamente; por tal motivo deberían ser de propiedad y uso común, ya que no se justifica que cada pequeño agricultor los posea en forma individual; como por ejemplo las motosierras, las enfardadoras de heno, las ensiladoras, los castradores (burdizo), los equipos de apicultura, las trilladoras, etc.  

El hecho de que cada agricultor quiera tener tales equipos en forma individual es una importante y a veces evitable e innecesaria causa de endeudamiento, de elevación de los costos de producción y de reducción de los rendimientos, porque al gastar sus recursos en la adquisición de lo accesorio (una trilladora) probablemente no tendrá dinero para comprar lo esencial (fertilizantes, semillas, etc.) Si ellos dejasen de comprar los referidos equipos en forma individual ahorrarían recursos, con los cuales podrían adquirir aquellos insumos que son realmente necesarios para incrementar los rendimientos por superficie y por animal. Al incrementarlos podrían cultivar menor superficie y tener menor cantidad de pies de cría, lo que a su vez les permitiría ahorrar en animales, tractores, instalaciones, trabajo etc; ahorros que podrían financiar la adquisición de otros insumos externos que sean imprescindibles para incrementar aun más la productividad de los factores.  

c) Procesamiento e incorporación de valor agregado a la producción por medio de pequeñas unidades agroindustriales comunitarias.   

d) Comercialización de los productos para reducir los eslabones de intermediación y obtener mejores precios de venta.  

e) Constitución de otros servicios con el fin de ofrecerlos a sus asociados, como por ejemplo:  

- confección y arreglo de herramientas, arneses, aperos, implementos agrícolas y carretas; elaboración de colmenas y de envases para transportar y depositar productos agrícolas, etc;  

- tambos comunitarios;  

- condominios para crianza de cerdos;  

- instalación de pequeños molinos de cereales o trituradores para preparación de raciones;  

- servicios veterinarios y de inseminación artificial.  

En lo referente a la organización deberán evitarse las formas autoritarias y no participativas, en las cuales los agricultores suelen ser manipulados en forma populista y demagógica por intereses ajenos a sus necesidades sentidas y concretas; deberán nacer y crecer de abajo hacia arriba, desde las propias comunidades y no desde la capital del país.

Los grupos deberán ser pequeños para que exista homogeneidad de intereses y confianza mutua; deberán tener objetivos muy claros y metas realistas que sean compatibles con sus posibilidades concretas de alcanzarlos.   En la motivación hacia la organización de los agricultores deberán evitarse las formas teóricas y abstractas porque éstas no lograrán sensibilizarlos hacia la cooperación: es necesario demostrarles clara y objetivamente que la organización es realmente capaz de solucionar sus problemas concretos y cotidianos, por ejemplo: cómo comprar insumos a precios más bajos, cómo reducir los costos de producción, cómo acceder en forma conjunta a una inversión que no pueden hacer en forma individual, cómo vender mejor sus cosechas, etc.; porque, en definitiva, éstos son los problemas que ellos generalmente necesitan solucionar. Si la organización no responde a estas necesidades en forma objetiva y concreta, difícilmente contará con el apoyo de los agricultores y sin éste, no tendrá éxito; más aún, si la organización no tiene capacidad de prestar servicios concretos, ni siquiera tiene razón de existir.  

La comparación de los dibujos Nº 1 y N° 3 (en los cuales se indica la forma distorsionada y convencional en que los pequeños agricultores acceden a los factores de producción y cómo venden sus exiguos excedentes) con los dibujos Nº 5 y N° 7 (en los cuales parecen formas más racionales para acceder a los factores de producción y comercializar las cosechas) es ilustrativa. Dicha comparación indica los múltiples beneficios que los agricultores podrían obtener si ellos se organizasen para incorporar valor a sus productos y para reducir los eslabones de las cadenas de intermediación (de los insumos y de las cosechas); y de esta forma beneficiarse ellos mismos (no los intermediarios) del fruto de su trabajo. Además, es fácil comprender que cuando los agricultores hacen un esfuerzo en forma colectiva, el aporte de cada uno de ellos es mucho menor que en el caso de hacer el esfuerzo en forma individual (hipotéticamente hablando, un tractor de 100 HP cuesta menos que dos tractores de 50 HP). La complejidad y magnitud de los problemas de cada agricultor se reducen cuando ellos actúan en grupo hacia el logro de un objetivo común.  

Mientras los agricultores no tomen la decisión y no tengan la capacidad de constituir sus propios servicios (aunque éstos sean muy pequeños, primarios y rudimentarios) para:   

- adquirir y distribuir los insumos a sus asociados con menor intermediación;  

- procesar sus cosechas (aunque sea en microagroindustrias familiares o comunitarias); y  

- comercializar sus excedentes, seguirán compartiendo sus escasas ganancias con los comerciantes y agroindustriales.  

Además del arcaísmo productivo, los largos y muchos de ellos innecesarios eslabones de las cadenas comerciales y agroindustriales (que actúan antes de la siembra y después de la cosecha), son una importantísima razón por la cual los ingresos de los agricultores son muy bajos. La inexistencia de estos servicios propios causa muchísimo más perjuicio económico a los agricultores que la falta de políticas, leyes, créditos, subsidios, proteccionismos, etc. Es necesario establecer vínculos más directos y más cercanos entre productores organizados y consumidores también organizados, con el objetivo de que ambos se beneficien.   

Para concluir, dos reflexiones:  

a) Los agricultores deberían aprovechar la fortaleza política de sus nuevas organizaciones no para mendigar favores pero sí para exigir que el gobierno adopte, como mínimo, las medidas emancipadoras propuestas en los puntos 1 y 2 de este capítulo, como forma de que ellos puedan ir liberándose gradualmente de la dependencia del Estado y del sector industrial/comercial; mientras sigan pidiendo medidas paternalistas estarán contribuyendo a perpetuar las dos dependencias recién mencionadas.   

b) Los agricultores son el eslabón más importante de la cadena agroalimentaria, porque:  

i) son ellos los que generan mercado para la industria y el comercio de insumos y equipos que actúan antes de la siembra; y ii) son ellos los que hacen viable el comercio y la industria que actúan después de la cosecha. Por tal motivo ellos deberán organizarse para exigir que los otros eslabones estén a su servicio y no al contrario como ocurre actualmente, debido a la fragilidad de los agricultores; o mejor aún, que en lo posible ellos mismos se hagan cargo y se vuelvan los dueños de una mayor parte de los demás eslabones del negocio agrícola; es decir que en forma organizada y progresiva se encarguen, hasta donde sea posible, de producir, transportar y distribuir los insumos y de procesar, conservar, almacenar, transportar y comercializar los excedentes. En otras palabras, que además de productores eficientes también sean eficientes (aunque pequeños) agroindustriales y comerciantes.    


 

13. Los bajísimos rendimientos indicados en el capítulo anterior son el reflejo de errores elementales que los agricultores cometen en la utilización de sus recursos y en la aplicación de las tecnologías (no por su culpa evidentemente). Estos bajísimos rendimientos promedio indican claramente que la productividad de la agricultura latinoamericana no necesariamente está frenada por la falta de insumos de alto rendimiento, de tecnologías de punta, de animales de alto potencial genético, de maquinaria sofisticada, ni de créditos para poder adquirirlos sino que está frenada, principalmente, por la no adopción de tecnologías elementales de bajo o cero costo, que no siempre dependen de recursos materiales externos a los predios, ni de decisiones políticas de alto nivel, pero sí dependen fundamentalmente de que los agricultores estén bien capacitados. Si la vaca latinoamericana produce en promedio 3,5 lt. de leche al día, si tiene el primer ternero a los 42 meses y partos sucesivos cada 24 meses, significa que estos índices de desempeño no están determinados por la falta de trasplante de embriones o de pies de cría y sementales de alto potencial genético, sino que este modesto desempeño se debe al hecho de que el agricultor no sabe mejorar su manejo reproductivo y sanitario y no sabe cómo mejorar sus praderas para alimentarla adecuadamente sin necesidad de recurrir al crédito para adquirir raciones balanceadas. El mismo razonamiento se aplica para la mayoría de las otras especies animales y para los rubros agrícolas, cuyos bajísimos rendimientos indican que no siempre es la falta de RECURSOS Y DE DECISIONES POLITICAS la que está obstaculizando el desarrollo agropecuario, pero sí y muy especialmente la falta de CONOCIMIENTOS. Si los agricultores hiciesen apenas lo que aparece en el dibujo N° 6 (que depende de conocimientos y no de recursos) los rendimientos de la agricultura latinoamericana no serían tan bajos como son.  

14. Riego de pivote, trasplante de embriones, computación, teledetección, informática, maquinaria sofisticada, etc.  

15. Tierra de secano; suelos salinos, ácidos y/o de baja fertilidad; relieve accidentado; clima desfavorable; etc.  

16. Como por ejemplo generar semillas de variedad (no híbridas) para que los agricultores puedan producirlas en sus fincas y con ello no estén obligados a adquirirlas todos los años.   Próxima Página - Capítulo 5