El Verdadero Libro de Los Pobres Rurales

Desarrollo agropecuario: de la dependencia al protagonismo del agricultor.


6. LA FACTIBILIDAD Y LA EFICACIA DE LA ESTRATEGIA PROPUESTA


Las 12 alternativas descritas en el capítulo anterior podrían ser adoptadas íntegra, oportuna y correctamente por los pequeños agricultores, a pesar de sus reconocidas restricciones productivas, con la única condición de que ellos estén capacitados y dispongan de tecnologías compatibles con los recursos que poseen. Ellas se adecuan a su situación de escasez de recursos porque:

- Algunas de ellas, para ser adoptadas, no exigen ningún gasto adicional o insumo material externo a la finca; generalmente apenas requieren cambios: a) en la forma y en la época de ejecutar las labores; y b) en el reordenamiento en el uso de los recursos disponibles (como por ejemplo la parcelación en la aplicación de los fertilizantes para reducir la lixiviación y aumentar su eficiencia)

- Algunas, inclusive, disminuyen el uso de insumos y equipos externos (por ejemplo, el manejo integrado de plagas o la rotación de cultivos).

- Otras, si bien requieren de insumos externos o gastos adicionales, éstos tienen costos insignificantes en relación con los beneficios económicos que producen, tales como prevención de pérdidas poscosecha, inoculación de semillas de leguminosas, mineralización, vacunación o desparasitación de los animales, etc. A modo de ejemplo: la entonces Empresa Catarinense de Pesquisas Agropecuarias EMPASC (actual EPAGRI), organismo oficial de investigación del Estado de Santa Catarina, Brasil, condujo una investigación que demostró lo siguiente: los bovinos que recibieron tratamiento antiparasitario estratégico (tres aplicaciones al año) llegaron al peso de mercado (380 kg) 417 días antes de los animales testigo, cuya única diferencia fue no haber recibido ningún antiparasitario. La espectacularidad del resultado probablemente se debió, en gran parte, al hecho de que todos los animales (inclusive los testigos) estuvieron sometidos a precarias condiciones alimentarias; en tal circunstancia, los animales con mayor carga parasitaria sufren en mayor grado las consecuencias del déficit alimentario; si todos los animales estuvieran bien alimentados, probablemente el resultado sería menos espectacular, pero aun así, la aplicación del antiparasitario sería económicamente ventajosa [6]

Las alternativas mencionadas en el capítulo anterior muestran que es una peligrosa equivocación afirmar que la tecnificación de la agricultura está siempre condicionada a la necesidad de créditos, insumos modernos, maquinaria y gastos adicionales de consideración. Es fácil constatar que la adopción de estas innovaciones de bajo costo es una alternativa realista, factible y eficaz para solucionar muchos de los problemas de los agricultores, porque a través de ellas es posible:

a) "agrandar" la superficie de tierra al obtener de ella un mayor número de cosechas en un mismo período de tiempo y hacerlo con mayores rendimientos, como es posible también "agrandar" verticalmente el rodeo animal, vía mejoramiento productivo y reproductivo;

b) disminuir la dependencia del crédito;

c) reducir los gastos con insumos industriales o reemplazarlos por otros producidos en las propias fincas;

d) aumentar rendimientos, reducir costos unitarios de producción y elevar los precios de venta;

e) disminuir riesgos;

f) beneficiarse de un mayor porcentaje del precio final que los consumidores pagan por el producto agrícola;

g) aumentar los ingresos de los agricultores; y

h) como consecuencia de los siete logros anteriores, solucionar los principales problemas que afectan cotidianamente a las familias rurales.

Si las 12 alternativas antes descritas pueden ser adoptadas por la mayoría de los agricultores, aun dentro de sus actuales restricciones, y han demostrado su eficacia técnica y sus ventajas económicas ¿por qué no estimular su adopción? De esa forma se ofrecería, a la totalidad de los agricultores, reales oportunidades de producir mayores excedentes y generar ingresos adicionales para iniciar un proceso gradual de tecnificación más avanzada. ¿Por qué no buscar la equidad por esta vía realista, factible y eficaz?

La realidad es que, a pesar de la factibilidad y eficacia de estas innovaciones, la gran mayoría de los productores agropecuarios no las adoptan (basta con recorrer sus fincas o analizar los bajísimos rendimientos por hectárea y por animal de la agricultura latinoamericana para comprobarlo); no las adoptan porque no las conocen, porque no saben aplicarlas correctamente o porque las subestiman, al no habérseles demostrado su factibilidad y eficacia. Por estas razones es necesario difundirlas; indicar sus bondades a los agricultores; transformar lo desconocido en conocido; capacitarlos para su correcta, oportuna y preferentemente integral aplicación; demostrarles que ellos son capaces de adoptarlas con los recursos de que disponen en su propio medio; y motivarlos hacia la tecnificación de sus explotaciones agropecuarias y la organización de sus comunidades. Estas deberán ser las prioridades, si se quiere enfrentar el subdesarrollo rural con realismo y factibilidad.

Si estas premisas son válidas, los países que no tienen posibilidades de promover el desarrollo agropecuario con equidad a través del modelo convencional, por no poder ofrecer todos sus componentes a la totalidad de los agricultores, deberían adoptar estrategias realistas, objetivas y pragmáticas, iniciando el proceso de desarrollo agropecuario a partir de las alternativas descritas en el capítulo anterior. La sola introducción de estas innovaciones sería suficiente para solucionar, en gran parte, los problemas fundamentales de los pequeños agricultores: su auto-abastecimiento, la generación permanente de mayores excedentes para el mercado, la plena ocupación de la mano de obra familiar en actividades productivas y generadoras de ingresos y la obtención de un flujo constante de entrada de dinero.

"Los problemas más inmediatos de la mayoría de los agricultores parecieran extenderse en proporción inversa a la complejidad de sus soluciones. Esto significa que gran parte de los crónicos problemas que afligen a los pequeños agricultores podrían solucionarse a través de tecnologías elementales y de bajo costo, y del uso racional de los recursos que ellos mismos poseen. La ciencia agronómica así lo ha comprobado y sigue confirmándolo. Innumerables experiencias de terreno han demostrado que la insuficiencia de recursos de capital, aunque real, no siempre es el principal problema y, asimismo, que el aporte de recursos adicionales no siempre es la solución. De acuerdo al esquema abajo ilustrado, la mayoría de los agricultores (B) requerirían de tecnologías elementales pero adaptadas a los recursos que ellos tienen (b) siempre que sean de bajo costo, poco riesgo y fácil adopción. Apenas una pequeña minoría (A) requeriría de tecnologías más sofisticadas y de recursos de gran consideración (a)". [7]




Si esta premisa es verdadera, ¿para qué someter a la gran mayoría de agricultores (B) a una infructuosa dependencia de tecnologías sofisticadas y de recursos externos (a)? ¿Por qué no empezar el proceso de tecnificación a través de una estrategia más realista, ofreciéndoles tecnologías sencillas que no requieran de recursos externos y que los liberen de la referida dependencia?

Las 12 alternativas mencionadas en el capítulo anterior, a las cuales se podrían agregar muchas más, demuestran que es perfectamente posible promover la tecnificación de la agricultura, en favor de todos los productores hoy y a pesar de la crisis, y aun cuando la tierra y los demás recursos de capital sean escasos, el crédito y los insumos sean limitados y la relación insumo/producto sea desfavorable.

Si se proporcionase a los agricultores apenas los tres factores de bajo costo mencionados en el Capítulo 4, ellos mismos(26*) estarían en condiciones de solucionar sus problemas sin necesidad de recurrir a factores de alto costo y difícil acceso (crédito, insumos, maquinarias, subsidios, infraestructura, etc.). Dicho de otra forma: a) Si los agricultores disponen de tecnologías apropiadas a sus recursos; si utilizan éstos íntegramente y adoptan correctamente aquéllas; y si están debidamente organizados (dibujo Nº 8), los factores externos tradicionales (indicados en la parte inferior del dibujo Nº 9) pierden importancia relativa y algunos de ellos pasan a ser prescindibles.

b) Si ellos no adoptan correctamente los componentes ilustrados en la parte superior del dibujo N° 9, el aporte de los factores ilustrados en la parte inferior del referido dibujo será de poca eficacia; porque al ser mal utilizados o desperdiciados no producirán resultados en la plenitud de sus potencialidades; dentro de este razonamiento los factores de bajo costo (conocimientos) son mucho más importantes que los de alto costo (recursos materiales o de capital).

Con el objeto de que la estrategia propuesta sea realmente eficaz, es necesario que el trinomio oferta de tecnologías apropiadas/capacitación/ organización sea encarado en forma simultánea (no secuencial) y ejecutado de manera correcta. Para que sus ingresos mejoren en forma significativa, es preciso que no sólo reduzcan costos unitarios de producción, sino también que aumenten los precios de venta de los excedentes destinados al mercado. Por tal motivo:

i) la introducción de innovaciones tecnológicas y gerenciales en el proceso productivo no será suficiente si los agricultores, al no estar organizados, siguen comprando los insumos a precios muy altos y vendiendo su producción a precios muy bajos. Al actuar en forma individual, no logran romper el circuito extractivo del sector agroindustrial y comercial; consecuentemente, no logran retener y beneficiarse del excedente generado en sus predios. No será suficiente introducir las tecnologías indicadas en el dibujo N° 6 si los agricultores siguen adoptando los procedimientos que aparecen en los dibujos N° 1 y N° 3. Para reforzar este argumento basta comparar el precio que el agricultor paga por un kilo de semilla de maíz híbrido con el precio que le pagan por igual cantidad del grano de su cosecha; la relación generalmente es de 15 a 1 y hasta de 20 a 1.

ii) La organización de los agricultores para comprar insumos y comercializar la producción en condiciones más favorables no será suficiente si, durante el proceso productivo, no se introducen tecnologías destinadas a aumentar rendimientos por superficie, generar un mayor excedente para el mercado, mejorar su calidad y presentación, y reducir los costos unitarios de producción. De poco servirá introducir los mejoramientos que aparecen en los dibujos Nº 5 y 7 si al interior de las fincas sigue ocurriendo lo ilustrado en el dibujo Nº 2.

En virtud de lo anteriormente mencionado, para que los agricultores obtengan mayores beneficios en sus actividades deberán promover, hasta donde sea posible, la integración vertical de sus actividades; es decir, deberán hacerse cargo (y corregir las distorsiones) de las tres etapas del ciclo agroeconómico: la anterior al proceso productivo, la etapa de producción propiamente tal y la etapa posterior a la cosecha.

El dibujo Nº 8 ilustra cómo los agricultores que se encargan de las tres etapas descritas, y lo hacen con eficiencia y racionalidad, disminuyen en gran parte su dependencia de los aportes e influencias externas indicados en la parte inferior del dibujo Nº 9, sean éstos públicos o privados. Los agricultores que practican una eficiente agroganadería diversificada e integrada horizontalmente (en la cual el subproducto o desperdicio de un rubro es el insumo del otro y viceversa) se vuelven más autosuficientes y menos vulnerables a las incertidumbres del clima y del mercado, y a los vaivenes de las políticas agrícolas, máxime si además verticalizan sus actividades agroeconómicas, encargándose de la pre-producción, de la producción propiamente tal y de las etapas posteriores a ésta (procesamiento y comercialización).

Estos agricultores, al diversificar sus rubros e integrar verticalmente sus actividades, tienen ocupación productiva para todos los miembros de la familia durante todo el año; son autosuficientes en la producción de alimentos y de algunos insumos, generan ingresos en forma permanente y disminuyen sus riesgos. Además, al verticalizar sus actividades, acceden a los factores de producción a costos o precios más bajos, tienen menores costos unitarios de producción y, finalmente, venden sus productos a mejores precios. En tales condiciones, es menos probable que se vean seriamente afectados por los factores externos a sus fincas y comunidades.

Estos agricultores, diversificados e integrados horizontalmente y también integrados verticalmente, se ven menos afectados por políticas agrícolas inadecuadas, por la insuficiencia de créditos, por las deficiencias en el suministro de insumos, por los precios fijados por el gobierno para un determinado producto y sus condiciones de comercialización, porque ellos disponen de muchas salvaguardias contra dependencias, adversidades, riesgos e incertidumbres. Ellos logran solucionar sus problemas más inmediatos, a pesar de no acceder a los factores clásicos del modelo convencional, lo que significa que dicho modelo no es necesariamente la única alternativa de desarrollo y que sus componentes no son tan imprescindibles como muchas veces se piensa.

La comparación entre los dibujos Nº 4 y N° 8 indica, por sí sola, lo mucho que los agricultores podrían lograr a través de la estrategia propuesta, aun sin hacer gastos adicionales de consideración, y sin acceder a factores materiales escasos y externos a los predios y comunidades. Indica, asimismo, que si los agricultores hicieran apenas lo que está indicado en el dibujo N° 8, sus principales problemas estarían resueltos, las dependencias desaparecerían, los factores externos perderían importancia, los componentes clásicos de modernización (créditos, subsidios) pasarían a ser prescindibles, los riesgos disminuirían, los agricultores se emanciparían; asimismo, las familias estarían bien alimentadas y, consecuentemente, habría un mejoramiento en sus condiciones de salud y en su productividad y además, los ingresos aumentarían y las condiciones de vida mejorarían.

Como consecuencia de todo lo anterior, desaparecerían las principales motivaciones para abandonar el campo y disminuiría la presión sobre los gobiernos para que solucionen -en las ciudades- los tres grandes problemas que agobian a las autoridades urbanas: generar empleos, ejecutar proyectos habitacionales de alto costo y satisfacer las necesidades alimentarias de los pobres, porque los agricultores -ellos mismos- se autoemplearían en sus propias fincas, construirían sus casas con los materiales producidos o existentes en sus predios y se autoabastecerían de alimentos en sus fincas diversificadas; todo ello en su propio medio, con sus propios recursos y sus propios esfuerzos.

Es necesario reconocer y valorar las inmensas potencialidades que existen en el medio rural y a partir de ellas, a bajo costo y con relativa facilidad, solucionar en el campo los problemas que no logramos resolver en las ciudades, incluso llevando a cabo programas de altísimo costo que consumen con voracidad los recursos fiscales. A modo de ejemplo, en el libro "Complexo Agroindustrial - o Agro-business Brasileiro", de los autores Ney Bittencourt de Araujo, Ivan Wedekin y Luiz Antonio Pinazza, se afirma que "mantener a un hombre en la ciudad, cuesta 22 veces más caro que mantenerlo en el campo". Es necesario corregir la equivocación de sobreestimar lo urbano y subestimar lo rural, no tanto para que los urbanos vuelvan al medio rural (porque es poco probable que ello ocurra) pero por lo menos para que los que aún permanecen en el campo no sigan ilusionándose con los falsos atractivos de las ciudades.

Definitivamente, es necesario revalorizar el sector agropecuario y rural; discriminar positivamente la agricultura y muy especialmente a los pequeños agricultores; la solución de muchos problemas urbanos (desempleo, falta de viviendas, hambre, delincuencia, etc.) está en el campo. El marginado urbano de hoy es el hijo o nieto del campesino desamparado de ayer. Son tantas y tan negativas las consecuencias que el abandono del campo genera en las ciudades, que no sería exagerado afirmar: o se salva a las zonas rurales o se pierde la nación (en el desempleo, en el hambre, en la delincuencia, en la violencia política, en la drogadicción, etc.). Los pequeños agricultores, que suelen ser injustamente considerados como el gran problema rural (que repercute negativamente en el medio urbano), podrían y deberían ser la gran solución, directamente para el sector rural e indirectamente para el urbano.


26. Mientras ellos mismos no puedan hacerlo, no se podrá hablar de participación y no se darán pasos reales para llegar a la equidad.

Próxima Página - Capítulo 7