8. LA TECNIFICACIÓN DE LA AGRICULTURA COMO CONDICIÓN PARA LOGRAR EL DESARROLLO RURALEn los capítulos anteriores se ha tratado de demostrar que los pequeños agricultores, a pesar de sus reconocidas restricciones, tienen reales posibilidades de mejorar en forma muy significativa su producción, productividad y organización, y como consecuencia, sus ingresos; es decir, que pueden lograr su desarrollo económico. No obstante, ello no es suficiente; alcanzar dicho desarrollo es solamente un medio (y en cierto modo una estrategia) para conseguir el objetivo último que es el desarrollo rural, entendido como el mejoramiento de las condiciones económicas, sociales, culturales y políticas de todos los habitantes del medio rural. En este documento se enfatiza y prioriza el desarrollo económico por las siguientes razones: a) El mejoramiento de las condiciones de vida de los agricultores exige el acceso a mejor vivienda, alimentación, salud, educación, vestuario, etc. Para lograrlo, no sólo es necesario capacitar a las familias rurales en estos aspectos de la economía del hogar, sino que es imprescindible también aumentar sus ingresos para que puedan acceder a dichas mejoras. Sin recursos financieros adicionales será muy difícil alcanzar el bienestar familiar y lograr el desarrollo social. b) La fuente generadora de ingresos para la mayoría de los habitantes rurales es la actividad agropecuaria. De su eficiencia productiva, gerencial, comercial y organizativa, dependerá el nivel de ingresos de las familias rurales; es decir, de la misma forma como no puede existir desarrollo social sin desarrollo económico, tampoco puede existir este último sin una agricultura eficiente y rentable. c) Dos importantes aspiraciones sentidas por la mayoría de las familias rurales son obtener su seguridad alimentaria y aumentar sus ingresos con un mínimo de riesgos. Empezar por satisfacer estas aspiraciones sentidas y conseguir que ellas mismas lo hagan, a través de acciones concretas, es una interesante estrategia para romper el círculo vicioso del subdesarrollo. Una vez dado este primer paso, los agricultores sentirán que si ellos son capaces de solucionar sus problemas alimentarios y aumentar sus ingresos, también serán capaces de solucionar otros problemas que los afectan, con lo que aumentarán su autoconfianza y ampliarán su horizonte de aspiraciones. A partir de estos avances ocurrirá un real cambio de actitudes y de valores, los cuales son importantes componentes del desarrollo cultural. Sin embargo, es difícil conseguir estos cambios de actitudes simplemente con planteamientos teóricos y abstractos; es más fácil lograrlos a través de actividades concretas, las que tienen una gran fuerza motivadora. Conseguir que los agricultores aumenten su producción, su productividad y sus ingresos es una forma concreta de elevar su autoconfianza, de promover cambios de actitudes y de lograr que ellos se motiven para nuevas y permanentes iniciativas. d)Junto con llevar a la práctica el desarrollo agropecuario, no sólo experimentarán los cambios de actitudes mencionados en el punto anterior, sino que se darán cuenta también de que algunos problemas productivos y económicos no pueden ser solucionados en forma individual y sin aportes externos. Por esta razón, comprenderán la necesidad de organizarse para canalizar sus demandas, fortalecerse como grupo, desarrollar su liderazgo y participar en la toma de decisiones que los afectan. Al hacerlo estarán dando un importante paso hacia su desarrollo político, tendiente a lograr que el gobierno adopte decisiones y ejecute servicios y obras de infraestructura que respondan a aquellas demandas de los habitantes rurales que no pueden satisfacer por sí mismos. La participación de los pequeños agricultores en la toma de decisiones del gobierno es muy importante porque, mientras éstas sigan siendo adoptadas exclusivamente por los que tienen el saber, el poder y los recursos, los que no los tienen seguirán no teniéndolos. En los capítulos anteriores se ha indicado que el Estado no está en condiciones de todos los componentes del modelo clásico de desarrollo agropecuario a la totalidad de agricultores (crédito rural, suministro de insumos y equipos, garantías de precios y de comercialización, obras de riego, almacenaje, caminos, instalación de agroindustrias, etc.); sencillamente porque no dispone de recursos suficientes para hacerlo. Esta restricción será aun mayor si a los componentes del desarrollo agropecuario recién mencionados se les agrega aquellos relacionados con el desarrollo social (escuelas, postas de salud, vivienda, comunicación, generación de empleos, esparcimiento, etc.). Y entonces cabe preguntarse quién financiará estos servicios y la infraestructura de social. ¿Dispone el Estado de los recursos para poder ofrecer todos los componentes del desarrollo agropecuario y también los del desarrollo social mencionados a todas las familias rurales? La situación de escasez de recursos públicos para enfrentar el desarrollo económico y social del medio rural se complica aun más debido al rápido éxodo rural y a la consecuente urbanización de los países de la Región. Los habitantes urbanos, que actualmente representan el 75 por ciento de la población latinoamericana, aumentarán cada vez más. Ellos están mejor organizados y sus problemas son más visibles, puesto que están más cercanos a la vista de las autoridades que toman las decisiones políticas. Ellos presionarán para que los gobiernos canalicen las inversiones públicas hacia la solución de sus problemas y se les asegure alimentos a precios compatibles con los bajos salarios de la mayoría, perjudicando aun más a los débiles, dispersos, lejanos y menos visibles agricultores. Las frecuentes autorizaciones que los gobiernos conceden para importar alimentos cuando los precios de los productos agrícolas nacionales se elevan, confirman la discriminación positiva en pro de los consumidores (mayoría) y negativa en contra de los productores (minoría). Entre importar un producto de largo consumo popular que contribuya a reducir los gastos con alimentación del 100% de los habitantes del país o dejar de hacerlo para proteger a un 5% de los habitantes que se dedican a cultivar dicho producto, los gobiernos están optando cada vez más por la primera alternativa. Desgraciadamente es cada vez menos probable que los gobiernos fijen políticas sectoriales favorables al agro si ellas se contraponen a las políticas económicas globales (a modo de ejemplo, elevar el valor del dólar para favorecer a la agricultura de exportación). Las presiones de los habitantes urbanos actuarán en contra de la deseada canalización de recursos destinados a la solución de los problemas de los habitantes rurales. Todo indica que los recursos escasos fluirán hacia los primeros, a menos que los segundos se organicen y fortalezcan su poder político. Esto posibilitaría revertir la tendencia y lograría que el Estado efectúe las inversiones necesarias para eliminar en el campo las causas del éxodo rural, en vez de intentar tardíamente corregir sus consecuencias en las ciudades (desempleo, marginalidad, hacinamiento, hambre, carencia de servicios, etc.). Aunque se reconozca que muchos de los recursos y servicios necesarios para el desarrollo rural deberían ser aportados por el Estado, dichos recursos serán siempre insuficientes, a menos que los agricultores practiquen una agricultura rentable que genere recursos adicionales a los proporcionados por el Gobierno, y participen en forma protagónica y organizada en la solución de sus propios problemas. Por las razones antes analizadas, una agricultura eficiente y rentable es una condición para lograr el desarrollo rural. No reconocerlo sería crearles a los agricultores falsas expectativas, que los estimularían a seguir esperando recursos y servicios foráneos, los que probablemente nunca llegarán en cantidad suficiente para solucionar todos sus problemas. Próxima Página - Capítulo 9 |