9. PRINCIPIOS ESTRATÉGICOS Y METODOLÓGICOS PARA QUE LOS AGRICULTORES PROTAGONICEN SU DESARROLLO

Con el objetivo de llevar a cabo el desarrollo agropecuario dentro de este modelo más endógeno y autogestionario, deberán seguirse algunos principios estratégicos y metodológicos, entre los cuales se destacan los siguientes:  

1) Reconocer y considerar que la familia rural es el recurso más importante, valioso y decisivo para promover el desarrollo agropecuario; sólo ella puede hacerlo. Si por cualquier motivo no lo hace, de poco servirán los recursos materiales que se le proporcionen y las políticas agrícolas favorables que se adopten. El desarrollo deberá empezar con el ser humano (con su decisión e iniciativa) y terminar con él (él deberá ser el beneficiario). "El potencial humano es el único capaz de generar potencial económico, político y social. Una sociedad de gentes capacitadas genera más individuos capacitados. Un pueblo es grande cuando piensa en grande y actúa en razón de su grandeza. El libertador Simón Bolívar afirmó: 'La Patria es del tamaño del saber de su pueblo' [8]". Consecuentemente, se debe priorizar la capacitación de las familias rurales (por sobre el aporte de recursos materiales), de modo que estén en condiciones de utilizar racionalmente las potencialidades de su medio, las cuales no son tan escasas como muchas veces se piensa. Es necesario considerar que los problemas, sus causas y sus soluciones están más en los seres humanos que en los recursos materiales; cuanto más capacitación se otorgue a los primeros, menor será su dependencia a los últimos. Muchos agricultores son pobres, no necesariamente porque no disponen de recursos, pero sí porque no tienen la suficiente capacidad para utilizarlos y aprovecharlos con fines productivos y generadores de riquezas. Es el desarrollo intelectual de las personas el que produce los recursos y promueve su desarrollo material. Es el trabajo eficiente y no tanto el capital abundante el que genera productividad, rentabilidad, ingresos, prosperidad e independencia.  

Los países de América Latina han pagado un precio altísimo por haber privilegiado la entrega de bienes materiales de alto costo (obras de riego, drenaje, electrificación, centros de acopio, créditos subsidiados, insumos, sementales y maquinarias) y subestimado la importancia de capacitar a bajo costo a las familias rurales para que pudieran transformar dichos recursos materiales en producción, ingresos y bienestar. Debido, en gran parte, a esta lamentable equivocación, los resultados de los proyectos de desarrollo rural han sido decepcionantes. Recién ahora nos estamos dando cuenta de que la mejor forma de distribuir renta es distribuyendo conocimientos para que las personas mejoren su eficiencia y productividad, y por esta vía se desarrollen gracias a su propios esfuerzos y a su propia capacidad de generación de ingresos. "La equivocación máxima de América Latina ha sido el no considerar al potencial humano como la clave del desarrollo y haber dejado pasar los años sin empezarlo por donde debe ser: es decir, por la mente del hombre. Hay países subdesarrollados porque sus gentes son subdesarrolladas". [8]  

2) Atribuir mayor importancia al protagonismo de las familias rurales que al paternalismo del Estado. El desarrollo deberá ser impulsado básicamente con la iniciativa, los recursos y los esfuerzos de todos los miembros de las familias y de la comunidad. Ellos deben de entender que sus problemas no dependen tanto de una determinada autoridad de gobierno, sino que del esfuerzo individual y colectivo de todas las familias rurales, porque en definitiva el desarrollo rural no ocurre en los ministerios de economía, en los parlamentos o en los bancos agrícolas, sino en los hogares, fincas y comunidades rurales, a partir de cambios de actitudes que se inician en la mente de las familias. El Estado no puede y no debe hacer por los agricultores lo que ellos mismos pueden asumir; si lo hace no tendrá tiempo ni recursos para proporcionarles los conocimientos que los emanciparían de la dependencia del paternalismo estatal. El Estado debe ayudar con conocimientos a aquellos que quieren ayudarse a sí mismos, con su propio esfuerzo.  

Sin embargo, el decir que las familias rurales deben protagonizar su autodesarrollo no significa que en la actualidad ellas estén preparadas, motivadas y capacitadas para hacerlo. Esta emancipación deberá llevarse a la práctica en forma paulatina, y para que ellas puedan asumir en forma gradual la responsabilidad por su propio desarrollo, necesitan que los gobiernos las capaciten, organicen y les ofrezcan oportunidades perdurables y no paternalismos efímeros. Si los agricultores no desarrollan su capacidad de autogestión, autodependencia y cooperación mutua, seguirán siempre dependientes del Estado; el que tendrá que continuar atendiendo las mismas personas año tras año, sin lograr su emancipación y, en consecuencia, sin poder desplazar su asistencia a nuevos beneficiarios y sin posibilidad de ampliar su cobertura.  

Consecuentemente, más importante que lograr que los agricultores accedan año tras año a los factores escasos y externos a sus fincas, es capacitarlos y organizarlos para que se vuelvan autosuficientes y menos dependientes de dichos factores. Al lograrlo perderán menos tiempo en largas caminatas, viajes, trámites y esperas que suelen despender para comprar insumos prescindibles, obtener préstamos, pedir ayudas, etc.  

3) Impulsar el desarrollo de adentro hacia afuera y de abajo hacia arriba, estimulando y fomentando la autosuficiencia individual y colectiva. Basar el desarrollo en las potencialidades y oportunidades internas, es decir en lo que los agricultores realmente tienen en sus fincas (generalmente mano de obra, tierra y algunos animales), en vez de insistir en las debilidades y restricciones externas (en lo que ellos no tienen). El dibujo N° 2 indica que el agricultor suele tener más recursos de los que es capaz de usar racionalmente y administrar eficientemente [7].

Una estrategia realista y de sentido común debería empezar por incrementar la productividad de los tres recursos recién mencionados, comenzando por la capacitación de la mano de obra para elevar su propia productividad y para que ésta desarrolle el potencial productivo de la tierra, la cual a su vez, al mejorar su fertilidad y elevar su productividad, producirá mayores excedentes, los que alimentarán a la familia y a los animales. La mano de obra, al estar bien alimentada, tendrá mejor salud y mayor productividad; los animales a su vez, al estar bien alimentados, mejorarán su desempeño reproductivo y a través de éste, también el productivo. Lo anterior desencadenará un círculo virtuoso, en el cual los tres factores que ellos tienen generarán las riquezas e ingresos con los que los agricultores podrán adquirir los factores que no tienen.  

4) Valorar más el pragmatismo realista de las soluciones endógenas que el perfeccionismo utópico de las soluciones exógenas. Para los agricultores, más vale una solución modesta pero que esté a su alcance inmediato (y que en el futuro pueda ser mejorada), que otra ideal pero inalcanzable (ya sea en el presente o en el futuro); más valen las medidas imperfectas que la parálisis y el inmovilismo.  

5) No sobreestimar la importancia de los recursos y servicios externos para evitar que el ser humano -quien debería ser agente y beneficiario del desarrollo- se transforme en objeto y víctima del subdesarrollo. Al esperar que otros le aporten los recursos y adopten las decisiones, el productor no se siente comprometido con la solución de sus propios problemas: se paraliza, se inmoviliza, se descompromete y por fin cae en la resignación y el fatalismo. El paternalismo (donar o hacer cosas) refuerza la actitud paralizante y el sentimiento de incapacidad e impotencia de los agricultores para solucionar sus propios problemas. Si no se ofrece a las familias rurales efectivas oportunidades para que tomen conciencia de su propio potencial y de las potencialidades de su medio, estén motivadas y deseosas de superarse y capacitadas para solucionar dichos problemas, sencillamente no habrá desarrollo. O los propios afectados por los problemas del medio rural los solucionan en forma protagónica y básicamente con sus propios medios, o dichos problemas difícilmente serán resueltos.  

Quienes proponen una estrategia de desarrollo agropecuario basada fundamentalmente en recursos y soluciones externas a las fincas y comunidades rurales, generalmente están proponiendo utopías inalcanzables. Además: a) con la buena intención de favorecer a los más pobres, de hecho los están perjudicando, porque el impulsar un modelo exógeno, significa favorecer a los más favorecidos y privilegiar a los ya privilegiados quienes tienen acceso a los factores externos y escasos, con mayor facilidad); y b) están subestimando la capacidad potencial de las familias rurales para solucionar problemas que son suyos y que deben ser solucionados por ellas mismas. Aunque las intenciones de quienes así actúan sean buenas, pueden estar perjudicando a las familias rurales: al crearles ilusiones(27*) de que otras personas o instituciones solucionarán sus dificultades, desvían su atención y contribuyen a que ellas no asuman la responsabilidad de la solución de sus propios problemas y piensen que "si las causas son externas, las soluciones y los recursos también deberán venir de afuera"; es necesario entender que la participación popular no sólo es un derecho, sino también un deber de todos los miembros de cada familia rural.  

Muchas de sus dificultades podrían ser superadas por las propias familias rurales independientemente de los aportes que haga o de las decisiones que adopte el gobierno; no se debe sobreestimar la importancia de dichos aportes. "A medida que el pobre entienda que aunque carezca de riquezas materiales propias, hay a su alrededor recursos que puede aprender a utilizar; que capte el valor de la solidaridad bien orientada; que aprenda las nociones mínimas de un manejo técnico de los recursos, herramientas y materias primas a su disposición; que espere en sí mismo y no en las limosnas o ayudas, entonces y sólo entonces, darán resultados los planes para ayudarle a solucionar sus problemas" [8]. En otras palabras, los agricultores deberían poner menos énfasis en la espera de una poco probable ayuda externa y más énfasis en una gran posibilidad de mejorar la eficiencia interna de sus fincas y comunidades.  

6) Eliminar las causas que originan los problemas, si es posible de una sola vez para que no sea necesario corregir año a año sus consecuencias. Por ejemplo, capacitar a los agricultores para que mejoren la producción de piensos a nivel de finca, en vez de concederles ad infinitum préstamos para que compren raciones y concentrados; capacitarlos para que reduzcan costos de producción e incrementen precios de venta para volverse rentables, sin necesidad de que el Estado tenga que corregir las consecuencias de la baja rentabilidad con subsidios; y atacar las causas y no los síntomas.  

7) Partir de lo conocido hacia lo desconocido; del árbol al bosque y no del bosque al árbol. Empezar por la solución de los problemas más simples y de menor costo(28*) y avanzar paulatinamente hacia aquéllos más complejos y de mayor costo; existen varias soluciones que cuestan poco, pero rinden mucho. La solución de los problemas más simples generalmente exige poca capacitación, es menos riesgosa y requiere menor cantidad de recursos; en tales circunstancias, es más fácil y probable que los agricultores se decidan a enfrentarlos y que tengan éxito en su iniciativa. Es importante destacar que al empezar por los problemas más simples, los agricultores se van autocapacitando (aprendiendo a solucionarlos), van adquiriendo autoconfianza (perdiendo temor a las innovaciones y a los riesgos) y se van capitalizando (generando en la propia finca los recursos necesarios para otras innovaciones más costosas). Al enfrentar en forma gradual la solución de los problemas, estarán eliminando tres importantes y frecuentes obstáculos al desarrollo; es decir, falta de conocimientos, falta de autoconfianza e insuficiencia de recursos. Así comienzan a romper el círculo vicioso del subdesarrollo, porque la gradualidad tiene un fuerte efecto formativo y motivador para la acción.  

Por otra parte, pretender solucionar problemas complejos y de alto costo con agricultores no debidamente capacitados, con baja autoestima y escasos recursos, conduce a fracasos, frustraciones, desperdicios y descréditos; estos últimos de muy difícil reversión. La gradualidad, al mejorar lo cotidiano cotidianamente facilita y hace factible la estrategia propuesta en este documento; con ella es más fácil hacer la transición del subdesarrollo indicado en el dibujo Nº 4 a la prosperidad ilustrada en el dibujo Nº 8. De acuerdo a las circunstancias de cada agricultor, la gradualidad podrá ser horizontal (avanzar de menos a más en superficie o número de animales) o vertical (avanzar de menos a más en complejidad de las tecnologías).  

Dentro del principio de la gradualidad, se propone empezar con innovaciones tecnológicas y gerenciales que sean de bajo costo; su adopción producirá aumento en los rendimientos y consecuentemente en los ingresos; con estos ingresos adicionales, se podrá financiar la adquisición de los insumos que son necesarios para la adopción de las tecnologías de mediano costo (vacunas, inoculantes, semillas mejoradas) las que provocarán otro adicional de rendimientos e ingresos; y estos nuevos ingresos adicionales serán utilizados para financiar la obtención de los factores necesarios para la adopción de las tecnologías de alto costo (instalaciones, sementales, equipos). Esta gradualidad permite la autogeneración endógena de los recursos requeridos para financiar las etapas más avanzadas de tecnificación, sin necesidad de esperar por el aporte de recursos foráneos. En otras palabras, las "tecnologías de proceso" financian las "tecnologías de producto", y los "insumos intelectuales" financian la adquisición de los "insumos materiales". Se propone aplicar dicho principio de la gradualidad (ir de menos a más) a la instalación de pequeñas unidades industriales para realizar en el hogar o en la comunidad, las primeras etapas de transformación de las cosechas; y lo mismo para la construcción de otras instalaciones prediales y para la organización de los agricultores. Todo ello porque es más fácil y seguro optar por cambios graduales que por los espectaculares. La gradualidad es una alternativa eficaz y accesible para que el agricultor prescinda (o por lo menos disminuya su dependencia) del crédito, generalmente inaccesible.  

8) Empezar con lo que los agricultores tienen y con lo que hacen; luego, en forma gradual y paulatina, ir potenciando con recursos externos lo que tienen y mejorando con nuevas tecnologías lo que hacen. Antes de ejecutar actividades nuevas se debe mejorar y corregir lo que los agricultores ya vienen haciendo. Hacer lo posible hoy para habilitarse para lo deseable mañana. Lo imposible del mañana no puede y no debe ser un obstáculo, un motivo o una justificación para no hacer lo posible de hoy. Los cambios muy amplios y profundos entran en conflicto con la idiosincrasia de los agricultores y provocan su rechazo, en vez de obtener su necesaria adhesión y apoyo.  

9) Utilizar plena y racionalmente los recursos locales más abundantes y aplicar los recursos externos y escasos sólo como complemento. Mientras existan recursos subaprovechados u ociosos, la prioridad deberá ser utilizarlos plenamente y no (como suele suceder) pedir recursos adicionales, antes de haber utilizado totalmente los recursos disponibles. A modo de ejemplo, si el productor ilustrado en el dibujo Nº 2 desea aumentar la producción de leche no necesariamente deberá endeudarse para adquirir más vacas, más bien deberá mejorar la pradera y desparasitar las vacas ya existentes. Con estas dos medidas de bajo costo aumentará la producción de leche, y con los ingresos adicionales podrá incluir alguna leguminosa en su pradera y dar sal mineral a los animales. Estas nuevas tecnologías generarán nuevos incrementos en la producción y en los ingresos con los cuales el agricultor podrá mejorar las instalaciones, suministrar un concentrado proteico y, recién como último recurso, adquirir un mayor número de vacas.  

10) Priorizar las medidas preventivas normalmente de bajo costo, por sobre las correctivas que suelen ser de alto costo. A modo de ejemplo, la eficacia y el bajo costo relativo de las vacunas frente a los resultados producidos confirman este principio.  

11) Privilegiar las "tecnologías de proceso" (que para ser adoptadas no requieren de insumos, apenas necesitan de nuevos conocimientos para mejorar las prácticas de producción y administración) por sobre las "tecnologías de producto" (que requieren de insumos). Las tecnologías de proceso (época y manera de ejecutar las labores, rotación y diversificación de cultivos, administración rural, manejo de los animales y de las pasturas, etc.) requieren, para ser adoptadas, solamente del factor conocimiento; una vez que éste haya sido traspasado a los agricultores, podrá ser apropiado por ellos a costo cero y utilizado ad infinitum. A su vez, para poder adoptar las tecnologías de producto se requiere que los agricultores compren los insumos necesarios, cada vez que van a adoptarlas, lo que los mantiene permanentemente dependientes de dichos insumos y del crédito necesario para adquirirlos; si éstos no son accesibles, sencillamente la tecnología no puede ser adoptada. En otras palabras, las tecnologías de proceso no se agotan en el acto de adopción, pero en el caso de las tecnologías de producto, los insumos se agotan cada vez que se las adopta. Las tecnologías de proceso deberían, según las circunstancias, anteceder, reemplazar, complementar y/o potenciar las tecnologías de producto. La correcta adopción de las tecnologías de proceso contribuiría (o crearía las condiciones más favorables(29*)) para que las tecnologías de producto y los insumos que ellas requieren sean más eficaces. Lo anterior significa que las dos categorías de tecnologías no necesariamente deben ser excluyentes o estar en contraposición; más bien deben ser complementarias. Los insumos materiales son evidentemente necesarios, pero más bien como complementos y no como condicionantes para empezar la tecnificación.  

12) Empezar por aquellos problemas que afectan a un mayor número de familias rurales, cuya solución es más fácil y de menor costo. Con tal fin deben difundirse pocas tecnologías que sean de fundamental importancia a muchas lamilias, en vez de atiborrar con muchas innovaciones de poca relevancia a unas pocas personas. Al empezar con soluciones de menor costo, complejidad y dependencia externa se contribuye a lograr que un mayor número de familias rurales se beneficie de los proyectos de desarrollo.  

13) Ir de lo concreto a lo abstracto, dando más importancia a actividades o tecnologías visiblemente ventajosas, de impacto inmediato y resultado palpable, que den respuestas concretas a las necesidades más sentidas de la mayoría de las familias rurales. Estas no cambiarán de actitud ni adoptarán una innovación solo porque se les diga que lo hagan; lo harán en la medida que vean que lo sugerido les trae ventajas y beneficios personales; de ahí la gran importancia de que los resultados sean rápidos y visibles. Es necesario que el agricultor se sienta premiado y recompensado por adoptar una determinada innovación, que se sienta gratificado, económica y anímicamente, y esto se logra llenando su bolsillo y su ego. No debemos olvidar que el dinero y el prestigio (reconocimiento social) son dos importantísimas "locomotoras" del desarrollo. Resultados rápidos, concretos y visibles son el mejor "argumento" para que los agricultores innovadores sigan adoptando tecnologías más complejas y de mayor costo; asimismo, son el mejor medio para que la adopción de las tecnologías se irradie a otros productores no tan innovadores.  

14) Reemplazar el enfoque parcializado persona-rubro por el enfoque holístico, sistémico e integrador familia-finca. Con ello se puede aprovechar íntegra, permanente y racionalmente el aporte de todos los miembros de la familia rural, y las potencialidades y complementariedades de todos los recursos productivos existentes en los predios; ambos (la familia y los demás recursos productivos) deben tener una función sinérgica, complementaria y de múltiple propósito. Es necesario tener una visión empresarial, en la cual se aproveche al máximo todas las oportunidades de utilizar recursos, aumentar la producción y los ingresos, y se reduzcan al mínimo las posibilidades de gastos, ociosidades, pérdidas, riesgos y vulnerabilidades. La finca deberá ser encarada y desarrollada con una visión globalizadora y un enfoque holístico.  

15) Privilegiar las actividades e inversiones en conjunto por sobre las individuales, estimulando la cooperación, la solidaridad y el compromiso por el desarrollo de la comunidad.

Al organizar a los agricultores es necesario definir claramente los objetivos y las metas que se pretende alcanzar, porque objetivos abstractos y metas difusas difícilmente logran motivar y comprometer a los agricultores. Además, se deben programar y ejecutar actividades concretas, que produzcan resultados también concretos; consecuentemente, no se debe organizar por organizar, porque la organización debe ser encarada sólo como un medio para lograr resultados palpables y mensurables y éstos deberán estar previa y claramente establecidos. Muchas organizaciones han fracasado por no haber definido qué quieren hacer y a dónde quieren llegar(30*). La organización sólo tendrá éxito si la totalidad de sus miembros se compromete, asume y comparte responsabilidades y actividades. Cuando unos pocos tienen atribuciones concretas (generalmente los miembros de la directiva) y la mayoría sólo asiste como espectadora, es muy probable que ésta critique a los dirigentes, no valore el esfuerzo de la organización y no se comprometa con su éxito. Por tal motivo, las actividades y responsabilidades deberían atribuirse (en forma rotatoria o permanente) al mayor número posible de socios; ojalá a todos ellos.  

16) Al estimular la organización, es preferible partir de los grupos autóctonos, naturales o informales ya existentes y sólo avanzar hacia la formalización de los mismos, en la medida en que ella sea realmente necesaria y deseada por las familias rurales, de lo contrario se corre el riesgo de que las formalidades burocráticas pasen a ser más importantes que la prestación del servicio para el cual fue constituida la organización. Evitar la politización y la ideologización porque ellas, además de no contribuir a la solución de los problemas, han destruido muchas iniciativas bien intencionadas de organizar a los agricultores. La ideologización y la politización suelen ser los medios a los cuales recurren quienes no saben solucionar los problemas por la vía de la eficiencia tecnológica, gerencial y organizativa.  

17) Partir de lo micro a lo macro, de lo particular a lo general, de lo individual a lo colectivo. El proceso de cambio deberá empezar con pocos agricultores, con pocos rubros, con tecnologías elementales, en pequeñas superficies y usando los recursos disponibles. Al empezar en pequeña escala, se puede hacerlo con recursos propios y consecuentemente se disminuye la dependencia externa y se evitan riesgos innecesarios (hay que probar en pequeño para no equivocarse en grande). Además, en pequeña escala es más fácil alcanzar mayor perfección y con ello lograr resultados más concretos y más contundentes; éstos al ser más visibles y más impactantes, contribuirán a elevar la autoestima y la autoconfianza de las familias rurales, quienes al darse cuenta de que son capaces de eliminar, en el presente, pequeños problemas y las causas internas de su subdesarrollo, se sentirán estimuladas a solucionar, en el futuro, los grandes problemas y a organizarse para conquistar la eliminación de las causas externas a sus fincas y comunidades.  

Es decir, los agricultores deberán actuar en pequeño(31*) y avanzar en forma gradual para llegar a lo grande, porque los pequeños desafíos generalmente los estimulan y los grandes los paralizan; cuanto mayor es la amplitud y complejidad de un problema menor será la disposición de los agricultores para enfrentarlo y viceversa. Los proyectos en pequeña escala son más ágiles, más fácilmente manejables y existe mayor confianza recíproca entre los miembros del grupo cuando el número de agricultores que lo integran es reducido. En sentido contrario, los grandes proyectos de ámbito nacional, centralizados, verticalizados y burocratizados son más caros, menos eficientes, más engorrosos y suelen dar más importancia (en la asignación de recursos y en la dedicación de tiempo del personal) a los medios (controles, fiscalizaciones, procesamiento de datos) que a los fines institucionales. El efecto multiplicador e irradiador de unos pocos agricultores, que logran resultados de gran impacto, es mucho mayor que el efecto de muchos agricultores que obtienen resultados apenas mediocres; lo anterior es especialmente importante si se considera que tenemos pocos extensionistas y consecuentemente los resultados deberán "saltar a la vista" para que se difundan por sí solos.(32*)  

18) La calidad deberá ser más importante que la cantidad. Las actividades de los agricultores deben ser hechas en una escala compatible con sus recursos; si éstos son insuficientes es preferible sacrificar la cantidad, pero garantizar la calidad. Los productores deben hacer poco pero bien hecho; hacer menos y mejor. Esta propuesta, al basarse en recursos escasos, necesita sacar el máximo provecho de los que están disponibles; para ello es necesario ser eficiente, de modo que cada factor en particular y todos los factores en conjunto tengan la máxima productividad o rendimiento. La apertura de los mercados, la eliminación de los subsidios, y la creciente competencia internacional, exigen eficiencia, productividad y bajo costo, y ello no se logra con cantidad sino con calidad.  

Muchos productores siembran cultivos y crían animales en cantidades que están por encima de su disponibilidad de recursos y de tiempo; de esa forma pierden eficiencia, porque los recursos y el tiempo del que disponen no son suficientes para ejecutar todas las actividades con la eficiencia necesaria en toda la superficie cultivada y con todos los animales que poseen. A modo de ejemplo, si los recursos alcanzan para cultivar eficientemente una hectárea no se deben sembrar dos de ellas en forma mediocre. Las metas deben ser ajustadas a los recursos disponibles, y si éstos son insuficientes y no es posible aumentarlos, deberán ser reducidas.  

Muchos agricultores sobrepasan sus posibilidades con la buena pero equivocada intención de producir y ganar más. En vez de sembrar dos hectáreas de papas con tecnología rudimentaria y cosechar unos 7.000 kg en cada una de ellas, normalmente es preferible que siembren apenas una hectárea, y con el ahorro logrado (en cercar, arar, rastrear, sembrar, aporcar, desherbar, combatir plagas y enfermedades, cosechar, etc.) dispongan de recursos y de tiempo para preparar muy bien la tierra de una hectárea, obtener mejor semilla y sembrarla con la densidad adecuada, abonar correctamente el suelo, eliminar las enfermedades, plagas y malezas a tiempo y, con todo ello, cosechar tal vez 15.000 kg por hectárea. Los costos unitarios serían más bajos, se requeriría menos inversiones, menor cantidad de insumos, menos mano de obra (tiempo, sacrificios, esfuerzos, costos, etc.) y se podrían destinar estos factores ahorrados y también la hectárea remanente a otra actividad más productiva.  

Siguiendo el mismo principio, más vale tener menor cantidad de animales bien alimentados, manejados adecuadamente y sanos, que tener mayor cantidad de ellos en precarias condiciones de alimentación, manejo y sanidad, que se reflejará en un bajo rendimiento: "poner más animales en el predio, muchas veces significa apenas aumentar el qué hacer y disminuir el qué comer". Al mantener un menor número de animales se podría producir la misma cantidad de leche, carne o lana, con menos trabajo, menores gastos en alimentación, construcciones y alambrados; además, se evitaría el sobrepastoreo y se liberarían tierra y recursos financieros, generalmente escasos, para otra actividad. Parte de estos ahorros podrían ser destinados a adquirir algunos insumos indispensables para mejorar las pasturas, la alimentación y la sanidad del ganado, con lo que se lograría incrementar aun más la capacidad productiva y reproductiva de los animales.  

¿Cuánto de su valioso tiempo y de sus escasos recursos los agricultores desperdician y dedican a actividades inútiles al cosechar en dos hectáreas lo que podrían obtener en una hectárea, o cuando dos vacas les producen la cantidad de leche que podría producir sólo una?  

Una vaca que produce 10 litros diarios de leche cuesta menos, consume menos alimentos, ocupa menos espacio y exige menos mano de obra que dos vacas que producen apenas 5 litros diarios cada una. Los agricultores deben fijarse como objetivo "cosechar más y no necesariamente "sembrar más"; deberán buscar incrementos verticales en vez de horizontales.  

19) No confundir las necesidades reales (sentidas y no sentidas) de los agricultores con sus deseos o necesidades aparentes (estos últimos suelen ser creados artificialmente por la publicidad auspiciada por los fabricantes y distribuidores de insumos y equipos, estimulando el llamado consumismo tecnológico). Dicha presión publicitaria muchas veces les hace confundir lo deseado con lo deseable y les da a entender que la tecnificación de la agricultura necesariamente es sinónimo de muchos insumos, maquinarias e inversiones, los que a su vez exigen grandes cantidades de crédito. Con ello atrapan a los agricultores en un círculo vicioso de dependencia, a veces exagerada y otras veces innecesaria. En verdad, no siempre ni necesariamente debe existir tal asociación y sinonimia entre tecnificación y necesidad de insumos, máxime en las primeras etapas de introducción de innovaciones. La comparación de los dibujos N° 2 y N° 6 lo corroboran. No siempre lo que los agricultores solicitan es lo que ellos realmente necesitan.  

20) No sobreestimar los dogmas y las ideologías en desmedro de la eficiente y oportuna aplicación de las innovaciones tecnológicas, gerenciales y organizativas, porque son éstas las que conducen a la solución de los problemas concretos de los agricultores; y además, de poco servirán si no se logra la eficiencia productiva, administrativa y comercial. Se requiere de menos formulaciones teóricas y más acciones concretas: "el desarrollo es más una cuestión de transpiración que de inspiración". Los principales problemas de la mayoría de los agricultores son, más bien (aunque no sólo), de tipo técnico, gerencial y organizativo y por estas vías deberán ser resueltos, y no necesariamente por la vía política e ideológica.  

21) Otorgar prioridad a actividades que por su sencillez, bajo costo y menor dependencia de factores externos, sean repetibles (en el tiempo) y replicables (en el espacio) por la gran mayoría de las familias rurales. Con tal fin, se debe empezar por aquellas innovaciones que puedan adoptarse a partir del uso adecuado de las potencialidades existentes en el predio; con lo que se permitirá que la adopción de las tecnologías se perennice en el tiempo y se irradie a un mayor número de agricultores.  

22) Establecer mecanismos metodológicos de bajo costo y amplia cobertura para estimular la replicabilidad y multiplicación de las experiencias exitosas. Estas no deben ser difundidas exclusivamente por los limitados servicios de extensión rural y mucho menos si éstos lo hacen a través de métodos individuales y presenciales (de alto costo). Las tecnologías y experiencias deberán ser difundidas a través de las escuelas rurales, de las asociaciones de agricultores, de los líderes comunitarios, de los paratécnicos y prácticos veterinarios, de la implantación de demostraciones de resultados, de los días de campo, de los medios de comunicación (especialmente radio), etc. Deberá haber un gran esfuerzo nacional para que las familias rurales conozcan aquello que no conocen: si no se les presentan soluciones nuevas, seguirán adoptando las soluciones antiguas; es necesario que las tecnologías desconocidas sean conocidas.  

23) El Estado debería priorizar las actividades de gran efecto multiplicador y de carácter perdurable. Debido a que sus recursos son escasos, no debería pulverizarlos en inversiones pequeñas, de alto costo y escasa cobertura (por ejemplo en una obra de riego, otra de drenaje, electrificación o un centro de acopio) dispersas en distintos puntos del territorio nacional, ya que en virtud de su alto costo, benefician sólo a un porcentaje ínfimo de agricultores, con mínimo impacto en el desarrollo global de la agricultura nacional. El Estado debería concentrar sus escasos recursos en programas de efecto perdurable en el tiempo y con gran efecto multiplicador en el espacio. Para lograrlo debería enfatizar y priorizar actividades de capacitación para que todos los agricultores, y no sólo el porcentaje ínfimo antes mencionado, puedan volverse más eficientes y aumentar su producción e ingresos, y con éstos volverse menos dependientes de las inversiones que el Estado no puede hacer en beneficio de todos.

A modo de ejemplo: i) si el Estado no dispone de recursos para financiar individualmente, año tras año, la adquisición de raciones para todos los agricultores, sería más productivo que los capacitara para que produjeran sus ingredientes en las propias fincas y les financiara en forma comunitaria un triturador para que ellos mismos pudieran preparar las raciones con sus materias primas y en sus propias comunidades; ii) si el gobierno no puede financiar la importación y venta de insumos modernos a todos los agricultores todos los años, debería capacitarlos una sola vez para que adoptaran tecnologías alternativas (como por ejemplo las mencionadas en el Capítulo 5 de este documento) que los hicieran prescindir o disminuir su dependencia de aquellos factores escasos; iii) si el Estado no puede financiar la adquisición de semillas híbridas año tras año, a todos los agricultores, debería ofrecerles semillas de variedad (es decir no híbridas) y capacitarlos una sola vez para que ellos mismos las produjeran en forma individual o comunitaria, y se independizaran del incierto y deficiente suministro del Estado.  

24) Dentro de la estrategia de desarrollo es conveniente establecer el siguiente orden de prioridades:  

- en primer lugar, lograr que las familias rurales quieran solucionar sus problemas, es decir, que estén motivadas y sientan necesidad y conveniencia de hacerlo;  

- en segundo lugar, que sepan hacerlo; y  

- en tercer lugar, que puedan solucionarlos, es decir, que dispongan de los medios para ello.  

Con demasiada frecuencia se sobreestima el supuesto de que los agricultores no pueden desarrollarse porque no disponen de recursos para hacerlo, y se subestima el hecho concreto de que generalmente no lo hacen porque no han sido suficientemente motivados ni adecuadamente capacitados para que quieran y para que sepan hacerlo. Al partir de diagnósticos equivocados, se llega a soluciones también equivocadas de ofrecerles recursos materiales en circunstancias de que generalmente requieren, en primer lugar, de motivación y autoconfianza para asumir la responsabilidad de su propio desarrollo y, en segundo lugar, de orientación técnica para hacerlo a través del uso adecuado de los recursos que poseen en sus fincas. La reforma del hombre es la más urgente de las reformas.  

De poco servirá ofrecerles los recursos materiales para que puedan solucionar sus problemas, si previo a ello no se les ofrece la capacitación necesaria para que sepan hacerlo y, muy especialmente, si no se amplía su horizonte de aspiraciones y no se los motiva para que quieran solucionarlos. En los países de América Latina y el Caribe existen múltiples (y muy costosos) ejemplos de programas de desarrollo agropecuario que han fracasado exactamente por la razón antes indicada. En sentido contrario, las experiencias indican que cuando los agricultores están capacitados y motivados para solucionar un determinado problema, ellos mismos se esfuerzan y consiguen los medios para hacerlo.(33*)  

Sin embargo, para lograr que los agricultores realmente quieran, sepan y puedan protagonizar su autodesarrollo son necesarios dos prerrequisitos:  

1. Que exista un extensionista que tenga real capacidad de enfrentar la realidad ilustrada en el dibujo Nº 4 y solucionar sus problemas, a partir del uso de los recursos allí existentes; estas soluciones deben tener costos y dependencias externas mínimas.  

2. Que la investigación genere tecnologías que respondan a la adversa realidad indicada en el referido dibujo.  

Sin estos prerrequisitos no se podrá esperar que los agricultores quieran, sepan y puedan solucionar sus problemas. Los agricultores deberán organizarse, lograr mayor poder político y exigir que los gobiernos, como mínimo, les proporcionen los referidos prerrequisitos, a partir de los cuales ellos mismos querrán, sabrán y podrán solucionar sus problemas. Sólo así la agricultura dejará de ser "el gran problema" y pasará a ser "la gran solución" para los problemas rurales y en gran parte también para los urbanos.  


27. Ilusiones porque el paternalismo es más retórico que real, ya que las promesas de aportes externos pocas veces son realmente cumplidas.  

28. Por ejemplo comprar una pequeña cantidad de semillas de buena calidad y multiplicarlas para tenerlas en cantidad suficiente para el próximo año; hacer test de germinación; sembrar con densidad adecuada; hacer rotación de cultivos; hacer un pequeño huerto doméstico; empezar por especies de ciclo vegetativo muy corto para recuperar rápidamente el gasto realizado; vacunar y adoptar otras medidas profilácticas de bajo costo; mejorar el manejo productivo y reproductivo de los animales; recoger y utilizar el estiércol de los animales; plantar algunos frutales rústicos que exigen insumos y cuidados mínimos (palto, mango, banano, níspero, guayabo, caqui, papaya, piña, etc.); comprar una hembra preñada de una especie menor para que con la venta de sus crías se pueda adquirir una hembra preñada de una especie mayor, y a partir de ella empezar a formar su masa ganadera; diversificar la producción; cosechar en el momento oportuno, etc. ¿Quién no puede hacerlo? Y, sin embargo, el arcaísmo productivo y los bajísimos rendimientos de la agricultura latinoamericana confirman que son muchísimos los agricultores que no lo hacen.  

29. Si antes de aplicar un fertilizante sintético se adoptan las medidas descritas en el punto 3 del Capítulo 5, dicho fertilizante será mucho más eficaz.  

30. "No existen vientos favorables para quienes no saben adonde ir" (Séneca, filósofo y político romano, 4 aC - 65 dC).  

31. Es más fácil corregir los errores (aún cuando éstos sean grandes) de proyectos en pequeña escala, que corregir los errores (aun cuando éstos sean pequeños) de proyectos en gran escala.  

32. "Las palabras mueven pero los ejemplos arrastran". Enrique Rojas.  

33. No son pocos los lugares del mundo donde familias rurales de escasos recursos, cansadas de escuchar promesas políticas y de esperar ayudas estatales, han decidido tomar sus palas, picotas y martillos para reconstruir sus propias viviendas, para construir una escuela, una capilla o una posta de enfermería, o para abrir senderos o caminos que les permitieran llegar a los mercados. En tales experiencias, la colaboración subsidiaria tanto pública como privada comenzó a afluir como por encanto, ya sea porque "Dios ayuda a quien se ayuda" o, simplemente, porque "los ganadores son siempre atractivos". Arturo Urrutia Aburto. Próxima Página - Capítulo 10